viernes, 12 de diciembre de 2008

Por: Franco Cavagnaro ¿Qué hace éxitosa una novela?


Por: Franco Cavagnaro

¿QUÉ HACE EXITOSA UNA NOVELA?


Para esa gente que la quiere hacer en el mundo editorial con una novela que los faje en billetes, aquí la respuesta desde BBC Mundo.com

¿Por qué hay obras literarias que gustan tanto? ¿Cuál es el secreto para que una historia se venda como pan caliente?

¿Qué se necesita para que una novela arrase en un concurso literario? Escritores, editores y críticos explican cómo ganar fama, dinero y público.

Sir Salman Rushdie, el mismo que fue condenado a muerte en 1989 por el ayatolá Jomeini -entonces líder espiritual de Irán- por sus "Versos satánicos", acaba de ganar en el Reino Unido los cuarenta y tantos mil dólares del premio "Lo mejor del Booker", por su novela "Hijos de medianoche".

El triunfo de Rushdie es en dos tableros porque la misma novela se llevó el premio en 1981 y esta vez competía con otros ganadores del mismo galardón, que celebra ya cuarenta años.

Según Martyn Goff, quien dirigió el concurso durante 35 años, la clave del éxito está ligada al concepto de "turismo literario", es decir, es necesario llevar al lector a lugares que le sean profundamente desconocidos."

La novela le da a la gente información, sentimientos nuevos, sobre algo de lo que sabían extremadamente poco", explica Goff, de 85 años de edad.

"Sí, claro que debe tener una trama sólida. Pero también debería proporcionar descripciones de algo que la mayoría de nosotros desconoce. Es lo que ocurre con la India de Rushdie, cosas así. Eso impresiona fuertemente a la gente".




Trama crucial


Si definir qué constituye una novela válida literariamente ya es difícil, identificar el factor que la hace popular lo es aún más.

Novelistas y editores fantasean con emular el éxito internacional de autores como Ian McEwan, Sebastian Faulks o Louis de Bernieres.

El trío citado parece respaldar la idea de Goff de que un bestseller con calidad literaria necesita transportar al lector a un tiempo o lugar remotos.

"La definición funcional de ficción literaria es ficción que no sólo se preocupa de la trama, sino también de la manera de tejerla", explica la escritora estadounidense Tracy Chevalier, autora de "La joven de la perla".

"Si uno examina 'El código da Vinci', se encuentra con una trama interesante que sigue y sigue. No creo que Dan Brown haya pensado mucho en cómo contar la historia", opina.

"Cuando se lee un libro como "Expiación" (de Ian McEwan) - una ficción literaria muy popular - su forma condice con su función. La trama es muy envolvente, pero la forma de construirla es esencial para la narración misma".

"Las dos cosas se combinan perfectamente y hacen del libro más de lo que sería si fuera solamente una trama", señala.




Influencia


Sin embargo, muchos temen que son los propios premios los que tienen, actualmente, mucha influencia.

Incluso, el propio Martyn Goff, quien dedicó gran parte de su vida a administrar el Booker, piensa así."En los primeros días del Booker, los escritores querían producir una buena novela. Ahora, tratan de escribir un libro ganador del Booker", dice Goff.

"Los premios son los grandes factores hoy en día", añade.Tracy Chevalier se defiende y aduce que no sólo los escritores están obsesionados con los premios.

"Creo que los escritores, en su mayor parte, lo único que quieren es escribir", afirma.

"Pero para los editores es mucho más difícil vender libros. Se publica demasiado y la gente lee cada vez menos. Las dos razones están liquidando a los autores medianos".

"La manera más fácil para que un editor imponga a un autor es ganando el Premio Orange o el Booker".

"Eso da una enorme publicidad, dado que los libreros ponen esos textos en los escaparates de la librería", dice Chevalier.

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GRACIAS MIS LIBROS


Hasta ahora los conservo. Hasta ahora sigo pensando qué casualidad que me gustaran tanto, que llegaran a mí cuando tenia 9 ó 10 años. Qué loco y qué emocionante cuando acompañaba a mis padres a comprar a Scala gigante de La Marina. Allí están. El mundo perdido. Wou! El profesor Lidenbrook y su sobrino. Dos imágenes inmortales para mí: Lidenbrock enseñándole a su sobrino cómo perder el miedo a las alturas. Un grabado a lo Doré. Ambos en una cima impresionante de un edificio. Segunda: Lidenbrook buscando a su sobrino perdido bajo millones de kilómetros bajo tierra. Herido en la oscuridad de una galería perdida. Y claro El castillo de Otranto. ¡Qué increíble!

Cómo no decidir amar los libros con esa colección, ¡cómo no desear escribir una novela después de eso! Gracias Verne, gracias Conan Doyle, gracias Walpole. Allí se inicia todo. Allí está todo.

EL CANON DE HAROLD


Cuando uno piensa en El canon occidental de Harold Bloom, se imagina primero a todos los grandes poetas, novelistas y demás en una carrera alocada por los 100 metros planos. Allí está Shakespeare jalándolo del laurel a Dante y éste haciendo lo propio con el arete del dramaturgo inglés. Más atrás vienen Chaucer, Joyce, Kafka, Emily Dickinson, Walt Withman, Proust y todos los demás, demasiado respetuosos de los dos primeros corredores como para pisarles el poncho. Después de seis años releo el libro y pienso en un cuadrilátero de pugilatos, donde Shakeaspeare es el matoncito y Dante el sobrado. Como siempre, y como me ocurrió la primera vez que leí el libro, me quedo con Dante. Me rectifico en mi juicio sobre Miller, en verdad no hay nadie más egocéntrico y fanático de sí mismo que Dante porque es “el más agresivo y polémico de todos los escritores importantes de Occidente… Dante era un partido político y una secta de un solo miembro”. Y supongo para Bloom Dante es herético por solapa, porque “la convincente ironía (o alegoría) de la obra de Dante es que él afirma aceptar los límites al tiempo que los viola. Todo lo que es vital y original en Dante resulta arbitrario y personal, y aun con todo es presentado como la verdad, en consonancia con la tradición, la fe y la racionalidad”. Dante es tan sobrado que seguramente el creía que no estaba para elogiar a todos los que le precedieron, sino que “él los distribuye, según su propio criterio, en el Limbo, el Purgatorio, el Infierno y el Cielo, pues él es el verdadero profeta, y espera ser reinvindicado en su propia época”.

Ahora veo este libro como una prueba obvia de los tiempos de competencia brutal. El canon occidental es producto exclusivo de esa visión. En esa batalla, los escritores se hacen un espacio en la gloria. Entonces los creadores deben enfundarse guantes de box si quieren sobrevivir.

Por: Sara Bravo Montenegro. "Rojo y Negro" de Stendhal.


Por: Sara Bravo Montenegro

“Rojo y negro” de Stendhal


Análisis del libro
“El horrible combate que libraban la timidez y el deber se le hacía muy penoso y no le permitía observar nada fuera de sí mismo”, así describe Stendhal el momento en que Julián se encuentra a solas con la señora de Renal, de quien se da cuenta que se ha empezado a enamorar de él, y desea cogerle la mano, lo cual él lo toma como un deber.
En la mayor parte de la obra, Julián Sorel, personaje principal, se debatirá entre cómo debe comportarse y lo que sus verdaderos sentimientos e impulsos lo llevan a hacer. Su deseo por subir en la escala social lo lleva a ser hipócrita y a rechazar el amor de la señora de Renal, por lo cual opta por dejar de ser preceptor de sus hijos e irse a un seminario. Por su parte, esta como una mujer virtuosa se negará en un inicio sus sentimientos hasta que los celos que siente por él la llevan a aceptar lo que verdaderamente siente.
Su deseo de subir en la escala social lo lleva a hacer lo que otros desean que haga y a decir lo que otros desean oír, es decir, es necesario que sea hipócrita para poder dejar su humilde origen. Por otro lado, su hipocresía probablemente no solo sea un arma para subir socialmente, sino también una “caparazón” para defenderse del mundo, de la sociedad y de los intereses mezquinos de los otros, y por lo cual él tiene que ser como los demás son, y aspira a tener lo que otros tienen: poder (el poder de la Iglesia o el poder del Ejército).
Podemos decir, entonces, que esta novela pregunta en repetidas ocasiones la posibilidad, e incluso la conveniencia, de ser sinceros o de ser hipócritas: la mayoría de los personajes y, en particular Julián, son muy conscientes de la necesidad de desempeñar un papel a fin de obtener la aprobación de los que le rodean y de poder lograr subir en la escala social (en el caso de Julián). En la obra, los personajes piensan de una manera y actúan de otra, e incluso optan por esconder sus verdaderos sentimientos (como en el caso de Matilde, que desdeña a Julián por su origen pobre).
El tema principal de la novela es, por otra parte, atemporal y por ello ha trascendido. La novela pregunta en repetidas ocasiones la posibilidad, e incluso la conveniencia, de ser sinceros o hipócritas: la mayoría de los personajes y, en particular Julien, son muy conscientes de la necesidad de desempeñar un papel especial a fin de obtener la aprobación de los que le rodean (aunque no siempre con éxito). La palabra "hipocresía" puede ser entendida como la palabra clave en una novela donde las locuciones de los personajes y sus pensamientos más íntimos están, con mucha frecuencia, en contradicción.

Stendhal, uno de los primeros escritores del realismo, escribe con un estilo muy puntilloso, pues de esa manera logra analizar las pasiones y describir los comportamientos sociales de su época, logrando retratar a la sociedad francesa del siglo XIX. La acción se dilata para describir los gestos de los personajes, y poder penetrar en sus pensamientos, con lo cual logra hacer ver al lector que tanto el actuar y el decir de los personajes está en contradicción con lo que piensan.

LA OBRA

PERSONAJES PRINCIPALES

Julian Sorel: Personaje protagonista de la obra. Atractivo, seductor, apuesto y joven, frágil físicamente, y con rasgos finos, Julian es hijo de un carpintero de la ciudad de Verrières, quien detesta a su padre. Gracias a su encanto, a sus conocimientos de latín y a su inteligencia, comienza una ascensión social acompañada de humillaciones, desengaños amorosos, agravios y abominables intereses.
Sorel tratará a sus amantes con la frialdad que impone la ambición y será tan enamoradizo como el propio Stendhal, un dandy que frecuentaba salones y teatros y en cada uno de ellos encontraba una aventura.
Señora de Renal: Esposa del alcade Verrieres. Tiene aproximadamente treinta años y está dotada de un alma delicada y sencilla, ama a sus hijos, pero no a su marido. Cuando empieza a darse cuenta de que siente celos por Julián se aflige, siente que no debe ceder a sus sentimientos, mas luego su pasión por él se encenderá y no podrá dejar de amarlo.
Matilde de La Mole: Hija del marqués de La Mole. Tiene diecinueve años, es caprichosa y se aburre con sus pretendientes porque estos no son inteligentes. Se enamora de Julián a quien considera inteligente y solo cuando él está se le pasa a ella el aburrimiento. Desdeña a Julián a pesar de sentirse enamorada de él, pues conoce su origen humilde. Llega a tener un romance con él, pero por su carácter antipático Julián la termina aborreciendo.


Resumen de la obra
La mayor parte de los acontecimientos de esta novela se suceden en Verrieres (Francia), una pequeña ciudad que el autor sitúa en el Franco Condado, cerca de su capital Besançon, a orillas del río Doubs. La mayor parte de su población se dedica a la producción de madera y principal fuente de riqueza es la manufactura de estampados. Su población está formada, en buena parte, por advenedizos que tratan de ascender en la escala social, para lo cual ingresan al clero, institución que pugnaba por tener tanto poder como el gobierno de la Francia del siglo XIX, y a la cual el autor crítica en la novela.

En la entrada del pueblo se encuentra la fábrica de clavos, a orillas del río, propiedad del alcalde, señor de Rênal, quien es un hombre de cabellos grises, entre los cuarenta y ocho y cincuenta años de edad. Tiene una casa con grandes jardines, para lo cual compró terreno a sus vecinos, entre ellos al viejo Sorel, dueño de una serrería y padre de tres hijos, entre ellos Julián, personaje principal de esta novela.

El señor de Rênal se da cuenta que él y su esposa ya no pueden controlar a sus hijos por ser demasiado traviesos para ellos, por lo cual le comunica a su mujer que ha decidido contratar como preceptor de ellos a Julián Sorel. Un viejo comandante cirujano del ejército de Napoleón le ha enseñado latín y le ha dejado en herencia todos sus libros. Ha estudiado algo de teología y piensa ingresar en el seminario, por lo que el señor de Rênal, al saber que Julián desea entrar al seminario. Además, piensa que así le dará envidia al Prefecto de la Casa de los Pobres, Valenod, su gran rival político, que no tiene preceptor para sus hijos.

El alcalde y el viejo Sorel llegan a un acuerdo sobre el pago a Julián, quien, en un inicio, no quiere aceptar el puesto, pues cree que será un criado y se siente humillado, pero luego se deja convencer por su padre. Luego, entra a trabajar a la casa del señor de Rênal. Allí conoce a los hijos de este y a su esposa, por quien comienza a sentir una admiración que es correspondida. Los niños llegan a querer y respetar a Julián, mientras la señora de Rênal y él empiezan una relación de amistad que se acrecienta poco a poco.

Con el transcurrir del tiempo, una de las criadas de la casa se enamora de Julián y le confiesa al cura Chélan su proyecto de casarse con él. Julián no se interesa por la propuesta, pues tiene otras ambiciones para lo cual es capaz de comportarse hipócritamente. La señora de Rênal le dice a su criada que intercederá por ella ante Julián, aunque en lo más íntimo de su corazón ella desea que él siga rechazando esa propuesta.

Poco después, por imitación de los hábitos cortesanos, a principios de la primavera, el señor de Rênal traslada su casa al vecino pueblo de Vergy, donde es propietario de un viejo castillo. Julián se dedica de lleno a sus lecturas, pasea por el campo con los niños y descuida la educación de los hijos del señor de Rênal, que le recrimina por ello. Se siente humillado y amenaza con abandonar su empleo para encargarse de los hijos de Valenod, ante lo cual le aumentan el sueldo. Se desahoga paseando en el campo y trama vengarse del alcalde, con su mujer.

El joven se encuentra con Valenod a quien le informa de su aumento de sueldo. Continúa la vida en Vergy mientras el alcalde, preocupado con las intrigas y los vaivenes de la política, no se apercibe de lo que sucede. La señora de Rênal se da cuenta de que está enamorada de Julián, pero la idea del adulterio - que asocia a la de ignominia pública - le aterroriza y decide comportarse con extrema frialdad frente a Julián.

Julián consigue un permiso para ir a ver a su amigo Fouqué. Este le ofrece entrar a partes iguales en su negocio de maderas. Aunque le atrae económicamente, no le gusta la idea de quedarse definitivamente en una provincia, y declina su oferta excusándose en su supuesta vocación por el sacerdocio.

Al regreso a Verrieres, observa la frialdad de la señora de Rênal hacia él, pero poco a poco van deshaciéndose de sus prejuicios: ella de sus principios morales, y él de las diferencias de casta, que ceden a su deseo de hacer fortuna y a su orgullo ante los ricos que le han humillado. El romance entre los dos se desarrolla en completo secreto y Julián va superando la humillación que hasta entonces había sufrido, porque no se siente tratado como un criado.

Más adelante, cuando regresan a Vergy, se enferma el menor de los hijos del alcalde, con lo que se agudiza el remordimiento de su mujer, al pensar que se trata de un castigo divino por sus relaciones con Julián. La señora de Rênal resiste a los remordimientos por el amor que siente hacia el joven. Una amiga de ella, invitada en la casa, se da cuenta de lo que sucede y acude a contárselo a Valenod —rival político del alcalde y antiguo pretendiente de la señora de Rênal—, que escribe una carta anónima al alcalde. Julián sospecha de la carta que ha recibido el alcalde y decide actuar con prudencia. La señora de Rênal, enterada del contenido, propone a Julián redactar otra carta, supuestamente escrita por Valenod, en la que le declara su amor y le amenaza con chantaje.

El alcalde se preocupa por los efectos que el hecho podría tener en su carrera política y en la no pequeña herencia de su esposa. Tras leer la segunda carta, concede a Julián una semana de permiso para que se aleje de la casa. Julián aprovecha ese tiempo para visitar al Abad Chélan, que ya ha sido desposeído de su puesto en Verrieres, y le presta algunos servicios materiales. Después se encuentra con un amigo de Valenod, que le ofrece ser preceptor de los hijos de su amigo que, entre otras cosas, le pagará mucho mejor. En los días de permiso de Julián se ha difundido por el pueblo el escándalo del adulterio. Chélan insta a Julián para que se vaya al seminario o a casa de su amigo Fouqué. Julián sale de Verrieres y se dirige a Besançon.

Julián llega al seminario en Besançon. Allí es recibido por el Rector del seminario, Pirard, quien le dice que tiene una carta de recomendación de Chélan, por lo cual es aceptado allí. Una vez instalado en el seminario, Julián está allí solo por ambición y porque ya no puede seguir en la casa de los señores de Rênal. Poco a poco Julián va aprendiendo el arte de la hipocresía. Mientras tanto la señora de Rênal le ha estado escribiendo con frecuencia, pero sus cartas son interceptadas y destruidas por el Rector, a quien impresiona el fervor religioso de esa mujer, junto con su loca pasión por Julián. En la última carta se despide para siempre, manifestando una completa conversión. En esas circunstancias se presenta Fouqué, que consigue ver a Julián solo después de varios intentos. Este le cuenta la conversión de la mujer del alcalde a la beatería, sin embargo, Julián se interesa por otras cosas y le pide periódicos liberales.

El Rector, víctima de maquinaciones, es destituido de su puesto. Durante seis años, Pirard había mantenido un enfrentamiento con Frilair, Vicario General de la Diócesis, a causa de un pleito por unas tierras entre este y el marqués de la Mole, por quien había tomado partido al comprobar su razón. El Vicario, que en doce años se había convertido en uno de los mayores terratenientes de Besançon, está decidido a usar de toda su influencia para ganar el pleito; de aquí su furia contra el Rector del seminario.

Julián es nombrado preceptor para las asignaturas de Antiguo y Nuevo Testamento, con lo que se gana el respeto de los otros seminaristas. El marqués de la Mole para agradecer a Pirard todos sus servicios en relación al juicio que llevaba con Frilair le ofrece dinero que aquel rechaza. Entonces, al enterarse de que Julián es su favorito le envía dinero anónimamente. Además, el marqués obtiene para el padre Pirard una parroquia en París.

En París, el padre Pirard sugiere al marqués que ofrezca a Julián un puesto de secretario particular. Una vez que Julián sale del seminario, pasa por Verrieres para saludar al padre Chélanl. Consigue una escalera de mano y con ella logra entrar en la habitación de la mujer del alcalde, la señora de Rênal. Ella al inicio lo rechaza, pero luego conversan y él le habla de su vida en el seminario. Estando en esa situación, casi es descubierto por el alcalde, pero consigue escapar perseguido por los perros y los disparos de los criados que le toman por un ladrón, y se dirige a París.

Llega Julián a París que es el centro de la hipocresía y de la intriga, según la novela. El Abad Pirard y Julián son recibidos brevemente por el marqués de la Mole, en su estudio y empieza a trabajar con él. Va aprendiendo los modales parisinos y recobra poco a poco la confianza en sí mismo que había perdido por la impresión del ambiente. En la cena conoce a la mujer y a los dos hijos del Marqués: el Conde Norberto y Matilde.

En la novela se describe aquella sociedad a través de las cenas que los marqueses ofrecían, y al hilo de las reflexiones de Julián. Se relata el aburrimiento, la falta de inteligencia y la total superficialidad de ese ambiente. En una de esas veladas se describe a los pretendientes de Matilde, a quienes esta trata con desdén.

Pasan varios meses. El marqués le ha encomendado a Julián el estudio de la administración de sus latifundios, y viaja a estas regiones. A causa de enfermar, el marqués deposita en Julián cada vez más su confianza. Julián y el marqués pasan mucho tiempo juntos y termina enviándole dos meses a Londres para que frecuente allí los ambientes diplomáticos y poder obtener para él la Cruz de la Legión de Honor, que facilitará el reconocerle como noble.

A su regreso de Londres le conceden la Cruz. Recibe la visita de Valenod, que va a ser nombrado alcalde de Verrieres, pues Rênal ha sido destituido por haber recibido apoyo de los liberales. Este le ruega que le presente al marqués, y Julián, a cambio, le pide para su padre, el viejo Sorel, el puesto de gobernador de la Casa de los Pobres.

La novela nos relata que Julián y Matilde sienten mutua atracción mezclada con desprecio e hipocresía, mutuos también. Él tiene conciencia de clase y ella lo desprecia por su origen humilde, pero le agrada su inteligencia, lo cual lo hace diferente a los pretendientes de su clase, quienes la aburren. El aburrimiento de ella sólo desaparece en presencia de Julián, del que acaba enamorándose y él decide conquistarla.

Julián recibe una carta de amor de Matilde, pero sospecha que se trata de una trampa para perderle. En la duda, y llevado por el deseo de vengarse de todos los desprecios sufridos, envía la carta a Fouqué para que la guarde por si es una emboscada, y contesta a Matilde acusándola de tramar contra él. Sigue un intercambio de cartas y termina con el triunfo de la pasión sobre el orgullo. Matilde Acaba enviándole una carta en la que concierta una cita.

La primera reacción de Julián es marcharse, pues se imagina un complot, pero luego se arrepiente ya que huir le parece una cobardía y decide acudir a la cita armado con pistola. Antes envía también esa carta a Fouqué. Logran verse a escondidas para no ser descubiertos por los criados ni por el marqués, pero se hieren mutuamente.

Pasan días en los que no se hablan, alimentando un odio mutuo por el orgullo herido. Aunque continúan sus contradicciones, recuperan su amistad y Julián acaba por enamorarse de ella; pero con el tiempo Matilde toma una actitud hiriente y se dedica a contarle historias de sus pretendientes, hablando bien de ellos, lo que provoca el dolor de los celos en Julián. Se describe un continuo sucederse de amor, autojustificación y sufrimiento, mientras Julián, que llega a pensar en el suicidio, trata de interpretar los sentimientos de Matilde, típico del romanticismo, donde la emoción es más fuerte que la razón.

Luego, el Marqués envuelve a Julián en un complot político. Consiste en que asista con él a una reunión de conspiradores y se aprenda de memoria un resumen de cuatro folios de lo dicho allí para luego transmitirlo verbalmente a una alta personalidad. Entre los conspiradores se encuentran representantes del clero. Su pretensión es instalar en el poder una monarquía que asegure una mayor unión entre el trono y el altar eliminando la libertad, para lo que piensan formar unas milicias voluntarias, reclutadas en las provincias con el apoyo económico de Inglaterra.

Julián parte para cumplir su misión, en un país extranjero, Estrasburgo, donde debe recitar de recitar de memoria lo dicho en aquella reunión de conspiración a un alto miembro del gobierno y éste envía un mensaje al márques de La Mole. Durante su estancia allí encuentra al Príncipe Korasoff, a quien conoció en uno de los bailes parisinos, y le confía que su aspecto triste y melancólico se debe a que la mujer que ama no le corresponde. Este le aconseja que haga la corte a otra para provocar los celos de la primera, y para ello le proporciona una colección de cartas de amor. Finalmente, Julián regresa a París.

En París entrega al Marqués la respuesta al mensaje. Después elige a la mujer para conquistar. Ante la extrañeza de Matilde, empieza a cortejarla y también a escribir las cartas de Korasoff. Durante una de las comidas en casa de la mujer con la que dará celos a Matilde, coincide con un obispo, tío de aquella, que se hallaba presente en la conspiración. Se trata de un personaje importante, pues interviene en el nombramiento de casi todos los obispos en Francia; se dice que no le niega nada a su sobrina predilecta. Julián sueña ya con ser obispo.

Tras algún tiempo, en el que Julián no acaba de ver el esperado resultado y está a punto de suicidarse cuando se entera de que Matilde va a casarse con otro, esta acaba claudicando, y dándole garantías de que ya no le dejará. Julián, sin embargo, continúa tratándola con un poco de dureza.

Matilde se embaraza y anuncia a Julián que está esperando un hijo, y que se lo va a comunicar a su padre. Así lo hace en una larga carta en la que le manifiesta su decisión de no separarse nunca de Julián aunque la expulse de su casa. Julián es llamado por el Marqués a su despacho, que lo recibe furioso con una avalancha de insultos, mostrándose indiferente ante su ofrecimiento de suicidarse o de que le mate. Decide entonces Julián acudir a Pirard a pedirle consejo pensando en su futura responsabilidad de padre.

Después de mucho cavilar, y habiendo consultado a Pirard, el marqués decide otorgar a Julián un título nobiliario, con parte de sus tierras, una generosa renta a ambos y el nombramiento de teniente de Husares. Julián, que empieza a creerse en efecto hijo de un noble, lleno de júbilo se incorpora al regimiento en Estrasburgo, donde con su personalidad y sus habilidades no tarda en conseguir el éxito.

Un día le llega una carta de Matilde, diciéndole que todo está perdido y que vaya inmediatamente a París. Allí le entrega una carta del marqués en la que dice que no puede consentir a su matrimonio después de haber recibido una carta enviada por la señora de Rênal, y que le entrega dinero con la condición de que se marche al extranjero. Le enseña luego esa carta medio borrada por las lágrimas, en la que reconoce la letra de la señora de Rênal. En ella le dice al marqués que al enterarse de la inminente boda de Julián se ve en la obligación moral y religiosa de advertirle la hipocresía e irreligiosidad del joven, y que es habitual en él recurrir a la seducción para dominar al dueño de la casa y obtener su fortuna.

Julián sale inmediatamente para Verrieres y compra unas pistolas en el viaje. Llega un domingo por la mañana y se dirige a la iglesia, sentándose unos metros detrás de la señora de Rênal. Se siente incapaz de realizar lo que se había propuesto, pero después dispara dos veces sobre ella, que se desploma. Julián es detenido por la policía sin oponer resistencia.

Dos gendarmes llevan a Julián a la cárcel, donde empieza a pensar en el suicidio o en la guillotina que le espera, aceptándola con resignación. Ante el magistrado que le interroga se declara culpable. Escribe a Matilde amablemente, satisfecho de haberse vengado, y le pide que no le escriba, que no hable a nadie de él, ni siquiera a su hijo, y que al cabo de un año se case con uno de sus ricos pretendientes.

Mme. de Rênal, herida sólo en un hombro, está fuera de peligro, lo que ella lamenta, pues no desea otra cosa que morir y envía dinero al carcelero para que trate bien a Julián. Este se entera por el carcelero de ella no ha muerto. A medida que el relato de éste demostraba a Julián que la herida que causó a Mme. de Rênal no era mortal, se enternece y se arrepiente de su deseo de haber deseado matarla.

Luego, Julián es trasladado a Besançon, donde tendrá lugar el proceso judicial. En esa situación, mientras sigue dando gracias al Cielo por no haberla matado, descarta la idea del suicidio y del soborno para huir; sigue pensando en Matilde y siente desprecio por los jueces.

Recibe la visita del padre Chélan y de su amigo Fouqué, que le deja el consuelo de un verdadero amigo que está dispuesto a vender todos sus bienes para liberarle - imagen que contrasta con los jóvenes que ha conocido en París -, pero Julián rechaza el ofrecimiento.

Matilde también quiere lograr la libertad de Julián. Con un soborno consigue el permiso para visitarle y allí le abraza llamando noble venganza al intento de asesinato. Para intentar liberarlo consigue una audiencia con el Vicario General, Frilair, que es además jefe de la policía secreta y el hombre más poderoso de la ciudad. Tras enterarse de que Matilde es hija de su mortal enemigo, el marqués de La Mole y que es amiga de la sobrina del famoso obispo, su semblante se transforma por la ambición. Explica a Matilde que él puede influir en cualquier jurado; luego, le relata el romance entre Julián y la señora de Rênal. Notando el efecto que esto causa en Matilde, no duda en hurgar en la herida - sabiendo que es su arma mejor para dominarla- diciéndole que el motivo del crimen son los celos de Julián, al enterarse de las relaciones de la señora de Rênal con su confesor, un joven sacerdote, y que por eso le disparó durante la misa. Acaba asegurándole la liberación de Julián a cambio del obispado que Matilde promete conseguir.

Matilde solicita a si amiga, la sobrina del obispo que venga personalmente a interceder por Julián. Este se siente abrumado por tanta devoción y sacrificio, aunque lo que le preocupa es si la señora de Rênal le ha perdonado. La tragedia en la que se ve inmerso hace que se produzca una especie de conversión moral de su espíritu egoísta y ambicioso sin límites, ante el sacrificio desinteresado de las dos mujeres. Julián le pide a Matilde que entregue su hijo a la señora de Rênal para que lo críe, y que se case un año después de su muerte.

Julián sufre otros dos interrogatorios, en los que sigue afirmando su culpabilidad, y se refugia en el mundo de sus ideas. Mientras Julián está encarcelado, el vicario Frilair consigue un grupo de hombre fieles en el Jurado, mandados por Valenod, que hipócritamente acepta hacer el favor, para que le absuelvan. Por su parte, la señora de Rênal, contra lo que le dicen su marido y su confesor, escribe a todos los miembros del jurado pidiendo la absolución de Julián.

Durante el proceso, Julián, en su alegato, se declara culpable sin atenuantes, pero se pronuncia contra el jurado, incapaz de juzgarle con clemencia —no veo entre el jurado a ningún pobre enriquecido, sino sólo burgueses indignados—, y se refiere a la injusticia de una sociedad y de unos hombres que no permiten el ascenso social.

Al ser pronunciada la sentencia de muerte por parte del jurado, Julián piensa con asco en la venganza satisfecha de Valenod – quien había escrito en el pasado un anónimo al alcalde hablándole de la relación de Julián con su esposa) su antiguo rival con relación a la señora de Rênal. Esta sentencia se debe a la traición de Valenod a lo prometido al Vicario General.

Encerrado en la prisión, se centra Julián en sus pensamientos sobre la señora de Rênal, y en sus monólogos. Así Julián continúa pensando en el regocijo de sus enemigos. Lo único que le importa es morir con valentía y despreciándolos, pues ha rechazado la posibilidad de la apelación que le sugiere Matilde para no perder con ese tiempo la valentía que ahora siente. Los ruegos de Matilde, que le reprocha amargamente todos sus defectos, le llevan a perder el poco afecto que le quedaba por ella.

La señora de Rênal visita a Julián en la cárcel. Esta, al mismo tiempo que le perdona, le pide perdón por la carta que envió al marqués, contándole que fue su confesor quien la redactó, quedando ambos como víctimas del clero y de la discriminación social. Le pregunta sobre Matilde, a lo que Julián responde que lo que dicen es sólo verdad en apariencia. Luego consigue convencerle de que no se suicide.

El día en que ella se marcha para Verrieres, siguiendo la orden de su marido, sucede el desagradable episodio de un sacerdote, un intrigante que no ha podido medrar entre los jesuitas, y decide hacerse famoso logrando la confesión de Julián. Se planta en la puerta de la prisión recitando oraciones y llamando a Julián a la conversión. Al fin, cansado del escándalo, Julián le permite entrar. Ante la hipocresía del sacerdote, Julián se siente furioso, pero al oírle hablar de la muerte se acobarda y casi llega a traicionarse con un gesto de debilidad; al final se libra de él entregándole cuarenta francos para decir una Misa por su alma aquel mismo día.

De nuevo solo, Julián empieza a llorar pensando en la muerte. Llega Matilde, por la que siente cada vez menos afecto, que le cuenta que Valenod traicionó a Frilair porque el día anterior había sido nombrado prefecto y ya no dependía de éste. Enfurecido echa de la celda a Matilde, que se deshace en lágrimas.

Julián rechaza la visita de su amigo Fouqué, para centrarse en sus meditaciones. Recibe en cambio a su padre, que le reclama todo el dinero que tuvo que gastar en mantenerle y en criarle, a quien disculpa por no ser peor que el resto de la sociedad. En la soledad de su celda, continúa entonces con sus cavilaciones sobre la vida de los hombres, que solo se mueven por el interés y la necesidad, sobre la verdad, la religión.

Uno de los pretendientes de Matilde muere en duelo por defender el honor de ella, y Julián trata de convencerla de que se case con otro. Ella queda sumida en los celos por la señora de Rênal, a la que ve cada día en la celda. A pesar de todos los intentos de las dos mujeres, Julián se niega a apelar la sentencia, y es guillotinado muriendo con honor, como había deseado. Fouqué compra el cuerpo de Julián a la congregación de Besançon, cuyos miembros sacan dinero de todo, para enterrarlo en una cueva cercana a su casa como le había pedido. Se presenta Matilde que como la reina amante de aquel antepasado suyo da sepultura a su cabeza con sus propias manos. La señora de Rênal, fiel a su promesa no trató de quitarse la vida; pero tres días más tarde, después de la muerte de Julián, murió mientras abrazaba a sus hijos.

Anécdota
Stendhal inventa poco y busca en los hechos reales acaecidos, las fuentes de sus novelas. En el caso de Rojo y negro, los eruditos stendhalianos encuentran algunas fuentes: una de ellas y la más importante es el crimen de un antiguo seminarista, Antoine Berthet, que asesinó a su amante, de cuyos hijos era preceptor y fue condenado a muerte el 15 de septiembre de 1827; y como otra fuente importante para las relaciones entre Julián Sorel y Matilde de La Mole, es el idilio entre una sobrina del rey Carlos X, con Edouard Grasset.

Biografía del Autor:
Stendhal es el seudónimo de Marie Henri Beyle, quien nació en Grenoble, Francia, en 1783 y murió en París, en 1842. Se quedó huérfano de madre a los siete años, por lo que se crió con su padre y su tía. Rechazó las virtudes monárquicas y religiosas que le inculcaron y expresó pronto la voluntad de huir de su ciudad natal. Abiertamente republicano, acogió con entusiasmo la ejecución del rey y celebró incluso el breve arresto de su padre. A partir de 1796 fue alumno de la Escuela central de Grenoble. Viajó a París para ingresar en la Escuela Politécnica.
Gracias a Pierre Daru, un pariente lejano que se convertiría en su protector, entró a trabajar en el ministerio de Guerra. Enviado por el ejército como ayudante del general Michaud, en 1800 descubrió Italia, país que tomó como su patria de elección. Desengañado por la vida militar, abandonó el ejército en 1801.
Ejerció diversos cargos oficiales y participó en las campañas imperiales. En 1814, a la caída de Napoleón, se exilió en Italia, fijó su residencia en Milán y efectuó varios viajes por la península italiana, pero luego volvió a vivir en París. Publicó sus primeros libros de crítica de arte bajo el seudónimo de L. A. C. Bombet, y en 1817 apareció Roma, Nápoles y Florencia (ensayo) en el que utilizó por primera vez el seudónimo de Stendhal.
Posiblemente Stendhal escribió Rojo y negro motivado a hacer un retrato y una crítica de la sociedad francesa del período de la Restauración, pues este se caracterizó por una aguda reacción conservadora y el restablecimiento de la Iglesia Católica como poder político en Francia. En otras palabras, la novela le sirvió para criticar a la Iglesia, pues esta también tenía poder político en aquella época, así como a la lucha política entre conservadores, quienes querían el regreso de la Monarquía, y republicanos.

Por: Sara Bravo Montenegro. "El retrato de Dorian Grey" de Oscar Wilde.


Por: Sara Bravo Montenegro

“El retrato de Dorian Grey” de Oscar Wilde

Análisis de la obra:
''Si el cuadro pudiera cambiar y ser yo siempre como ahora” dice Dorian Gray, personaje principal de la obra, cuando ve terminado su retrato, expresando así su deseo de tener belleza y juventud eternas, deseo que se cumple como una plegaria a lo largo de la obra hasta su fatídico desenlace.

Por la influencia de lord Henry Wotton, Dorian Gray expresa un deseo cuyas consecuencias no mide, pero con el transcurrir del tiempo empezará a pesarle sobre su conciencia, pues si bien su cuerpo no se corrompe, su alma se envilecerá cada vez más: cederá a los placeres sensuales, no renunciará a ningún deseo y atentará contra la vida de personas inocentes.

La belleza y la juventud las disfruta sin pensar que por cada acto pierde su alma, y aunque ella se envilece, su rostro no se corrompe, pues es su retrato el que cambia cada vez que comete un acto ruin, reflejando su verdadera alma. La juventud está unida a la belleza física, y la belleza espiritual, la del alma, Dorian Grey la pierde por el deseo de transgredir esa ley natural.

De esta manera, la obra refleja el deseo íntimo de cualquier hombre de cualquier época de transgredir una ley natural: el cuerpo físico de todo ser humano está destinado a envejecer, a marchitarse, a desgastarse, pero contra esa ley no se puede ir. Al final de la obra, a Dorian le pesa su pecado y quiere ser bueno, por lo cual tiene que morir. En contraste con el ser humano, la obra artística es imperecedera: el retrato de Dorian Gray hecho por Basil Hallward recupera su belleza que no morirá como Dorian.

En cuanto al estilo se puede observar que Oscar Wilde hace su uso de observaciones y descripciones muy puntuales tanto de los rasgos físicos de los personajes como de los elementos del ambiente que los rodean. Las descripciones están intercaladas con los diálogos y a través de ellos nos enteramos de lo que piensan los personajes, así como también introduce reflexiones de sus personajes. A veces usa frases largas, pero son escasas, la mayoría de ellas son breves, por lo cual la lectura se hace más ágil.

Esta obra ha trascendido en el tiempo ya que es considerada una de las primeras novelas de horror gótico, donde sus personajes se debaten entre el bien y el mal y se preguntan por aquello que es moral o no. Además porque, en cualquier época o en cualquier siglo, el deseo de la ansiada eterna juventud puede trastornar a una persona, y en este siglo XXI, de avances tecnológicos, médicos y científicos gracias a los cuales las personas pueden mitigar las huellas del tiempo en su rostro, la obra nos lleva a preguntarnos: ¿hasta dónde puede llegar una persona a obsesionarse por su juventud y su belleza?

LA OBRA

Personajes Principales:
Dorian Gray: Es el protagonista de la obra. Al inicio es un joven sin experiencia, ingenuo, físicamente bello y de buenos sentimientos, incapaz de desgraciar a una persona. Sin embargo, tiene una debilidad: como todo joven adolescente es susceptible de ser influenciado, y por eso lord Henry Wotton va cambiándolo poco a poco, lo hace madurar con más rapidez, le transmite e influencia con sus teorías acerca del placer, del amor y de la vida, hasta que Dorian se convierte en un ser vanidoso, cruel e insensible, incapaz de amar, pero al final vuelve a ser bueno y por eso decide matarse.
Basil Hallward: Amigo de Dorian Gray. Hombre educado, sincero, idealista, sensato y religioso, temeroso de Dios. De mediana edad, no muy agraciado físicamente, e inteligente. Es pintor y aprecia mucho la estética y la belleza física, vive enamorado de la belleza platónica, y por estas razones retrata a Dorian Gray. Representa al artista puro, que se entrega con una voluntad y una pasión casi febril a su tarea y cuya única musa es la belleza artística.
Lord Henry: Amigo de Basil Hallward. Es mayor que Dorian y esto implica experiencia en la vida, es maduro, inteligente, astuto y manipulador; sabe “encantar” con sus palabras a sus interlocutores e influir sobre sus amigos. Es vanidoso, sólo busca su propio placer, y es irresponsable. Cree que sus ideas y su forma de vida son las mejores; considera que las experiencias de vida carecen de valor ético.

RESUMEN
Basil Hallward, pintor inglés, se encuentra platicando con lord Henry Wotton y admirando lo que él llama su obra maestra, le confiesa la idolatría que siente por la belleza de este adolescente. Lord Henry le sugiere que envíe el retrato a una galería, pero Hallward le responde que ha puesto demasiado de sí mismo en ese retrato como para enviarlo, en sus palabras: “todo retrato que se pinta de corazón es un retrato del artista, no de la persona que posa”. Basil le cuenta a Lord Henry que conoció a su modelo del retrato, Dorian Grey, en una fiesta y le revela que no sería feliz si no lo viera todos los días. Lord Henry quiere conocer a Dorian Grey, pero Basil Hallward no quiere que lo conozca porque intuye que influirá sobre él. Sin embargo, Dorian Grey se presenta en la casa de Hallward, pues debe posar una vez más para el retrato.

Basil Hallward recibe a Dorian Grey y lo presenta a lord Henry y a través de la conversación se enteran de que ambos conocen a la tía Ágata. Basil le indica a Dorian que suba al estrado para posar y que no se mueva demasiado ni preste atención a lo que lord Henry diga, pues este influencia en todos sus amigos. Lord Henry le habla a Dorian y le dice que “las buenas influencias no existen”. Luego, habrá un descanso para Dorian y saldrá al jardín con lord Henry. Allí comienza a influenciar sobre él cuando le dice que “posee la más maravillosa juventud, y la juventud es lo más precioso que se puede poseer”, a lo cual Dorian responde que “no lo siente así”, pero luego lord Henry le dirá que “algún día, cuando sea viejo y feo y esté lleno de arrugas, cuando los pensamientos le hayan marcado la frente con sus pliegues y la pasión le haya quemado los labios con sus odiosas brasas, lo sentirá terriblemente” y luego más adelante le dirá que “nosotros nunca recuperamos nuestra juventud”. El pintor lo llama a Dorian para que vuelva a posar. Basil Hallward termina el retrato de Dorian y lord Henry halaga su obra. Al ver su retrato, Dorian, influenciado ya por lord Henry, expresa que el retrato siempre se mantendrá joven, pero él se hará viejo, y que siente celos de su retrato por esa razón, y empieza a llorar. Entonces, Basil le dice a lord Henry que es obra suya el comportamiento de Dorian y discute con él. Al ver la reacción de Dorian, el pintor decide que debe destruir su obra, pero Dorian reacciona y lo detiene. Basil Hallward le explica a Dorian que una vez que el cuadro sea barnizado y enmarcado será enviado a su casa, pues él considera a Dorian Grey como el dueño del cuadro. Lord Henry invita a Dorian al teatro y este acepta, ante lo cual Basil Hallward sufre, pues intuye que lord Henry seguirá influenciando sobre él.
Lord Henry visita a su tío lord Fermor para averiguar acerca del origen de Dorian Grey. A través de su tío se entera de que su mamá era Margaret Devereux, hija de lord Kelso. Ella era una joven muy hermosa que se enamoró de un hombre pobre, un suboficial de infantería, al cual lord Kelso mandó matar y, por esta razón, a pesar de que ella vivía en casa de su papá, jamás volvió a hablarle. Lord Kelso murió y su hija Margaret murió un año después. Para lord Henry, los antecedentes de Dorian le añadían una nuevo perfección, pues “detrás de todas las cosas exquisitas hay algo trágico” y piensa que es cautivador “influir sobre alguien” y llama a Dorian “Hijo del Amor y de la Muerte”.
Lord Henry tenía un almuerzo el la casa de su tía Ágata a la cual también asistirían Dorian y los amigos de ella. En esa reunión, lord Henry desea cautivar a Dorian Grey con su conversación, por lo cual es ingenioso, elogia la locura, los placeres y encanta a sus oyentes logrando que se olviden de sí mismos. Al final de la reunión, Dorian Grey le pide que le permita ir con él al parque y que no deje de hablarle, pues nadie lo hace como él.
Un mes después de aquella reunión, Dorian va a visitar a lord Henry a su casa, y allí conoce a su esposa lady Wotton, quien le dice que oye las ideas de su esposo de labios de sus amigos y de esa manera se entera que existen. Llega lord Henry y Dorian Grey le confiesa que está enamorado de una actriz, Sibyl Vane, a la que conoce gracias a que él hizo que sintiera un gran deseo por saberlo todo de la vida.

Dorian le cuenta a lord Henry que la conoció en un teatro pobre, que ella lo llama “Príncipe Azul”, y lo convence para que vaya a ver a su amada al teatro y le pide que lleve a su amigo Basil Hallward y se despide de él para ir a ver actuar a Sibyl Vane. Lord Henry se queda pensando en Dorian y se da cuenta que el alma de Dorian se había volcado hacia aquella joven y que con su influencia había acelerado su madurez. Más tarde, recibe un telegrama de Dorian, allí le dice que se había prometido con Sibyl Vane
Después en la obra aparece Sibyl Vane quien dice a su madre que es muy feliz con su “Príncipe Azul” y ella le advierte que sólo si es rico podrá pensar en matrimonio, pero a ella no le importan las palabras de su madre. Entra su hermano Jaime y con voz de disgusto le dice que no va a permitir que nadie la lastime y que si ese “ Príncipe Azul” se atreve a hacerlo, lo matará y advierte a su madre que debe cuidar de ella porque él viajará a Australia.
En un hotel de la ciudad de Londres, lord Henry conversa con Basil y le da la noticia de que Dorian se ha comprometido con una actriz. Ante la noticia, el pintor se muestra preocupado por que la chica sea buena y que no envilezca el cuerpo de Dorian y destruya su inteligencia. Llega Dorian y les dice que es muy feliz con Sibyl y les cuenta que cuando él le dijo que la amaba, ella le contestó que no era digna de ser su esposa, ante lo cual lord Henry les dice que “en situaciones como esa, los hombres se olvidan de la palabra matrimonio, pero las mujeres la recuerdan siempre”. Entonces interviene Basil Hallward para decir que “Dorian no es como los otros hombres” pues por su delicadeza sería incapaz de hacer desgraciada a otra persona”. Además Dorian les dice a sus amigos que el amor de Sibyl Vane lo hace bueno, lo hace fiel y que se olvida de las teorías sobre el amor, el placer, la vida que lord Henry le ha enseñado. Más adelante, los tres amigos se dirigen al teatro.
Los tres amigos llegan al teatro donde actúa Sibyl. A lord Henry le parece un lugar horrible y critica todo lo que ve, pero Basilio le dice que si eso lo hace feliz a Dorian él lo apoyará. Se levanta el telón y comienza al fin cuando se levanta el telón, los dos amigos se quedan asombrados con la belleza de Sibila, pero los desilusiona su actuación porque era demasiado artificial y sin talento, lord Henry se levantó y dijo que se fueran, que no aguantaba el escándalo que todo el público estaba haciendo.
Dorian no entendía qué le pasaba a su amada, se repetía que era una actriz vulgar y mediocre, a lo cual Basilio le dijo antes de irse que no hablara así de alguien a quien amaba porque el amor es más hermoso que el arte y se fue junto con su amigo. Al terminar la obra Dorian se dirige a Sibila y le reclama su mala actuación, la humilla, la insulta y cuando ella se quiere acercar a él la desprecia, y ella le explica que antes de conocerlo actuar era la única realidad de su vida, pero que con él había conocido el verdadero amor y que sería para ella una profanación representar que está enamorada. Dorian le dice que él se había enamorado del arte que ella desempeñaba, que no quería saber más de ella, pero ella le suplicaba que no la abandone, y él sin hacer caso de sus súplicas sale del teatro.

Al día siguiente Dorian despierta y se da cuenta que el cuadro tuvo un cambio, pues descubrió un toque de crueldad en los labios contraídos, y pensó que era el reflejo del pecado de crueldad que había tenido con Sibyl. En ese momento le escribió una carta en donde le pedía perdón y le decía que su promesa de matrimonio seguía en píe, pero llegó lord Henry y le dice que la joven está muerta. Dorian se queda asombrado con la noticia y no sabe qué decir. A lord Henry le preocupa mucho el escándalo y la reputación de Dorian, le recuerda que tienen un compromiso para ir a la ópera y que es una magnifica idea para que nadie lo relacione con la muerte de esa muchacha. Luego de que lord Henry se marcha, Dorian piensa en que Sibyl representó en sus obras varias veces la muerte y que la vería desde aquel instante como una maravillosa figura trágica. Luego, pensó que el retrato cargaría con el peso de su vergüenza, y que de la misma manera que le había descubierto su cuerpo, también le revelaría su alma, y que su belleza no se marchitaría jamás gracias a él.
Cuando Dorian desayunaba llega Basilio muy preocupado por el estado de ánimo que podría tener Dorian por la muerte de Sibyl, pero Basilio se asombró de la frialdad con la que hablaba de ese hecho y le contó que había estado en la ópera y que allí había conocido a lady Gwendolen, hermana de lord Henry. Basilio le pregunta que cómo es posible que mientras que Sibyl ha fallecido recién, él esté pensando ya en otras mujeres. Entonces, Dorian le responde que “solo las personas superficiales necesitan años para desechar una emoción” y que “un hombre pone fin a un pesar tan fácilmente como inventa un placer” y que no quiere estar a merced de sus emociones. Basil se sorprende del cambio que ha ocurrido en el muchacho y le dice que quiere al Dorian Gray cuyo retrato pintó en otro tiempo. Basil luego le dice que ya no le hará más reproches y que le preocupa la información judicial y le pregunta si alguien sabía su nombre, pero él dice que ella solo lo llamaba “Príncipe Azul“. Dorian le pide que haga un retrato de Sibyl y Basil acepta, pero le pide que vaya a posar nuevamente, pues sin él no hacía nada que merezca la pena. Dorian se niega rotundamente y Basil le pide ver su retrato, pues quiere ver su mejor obra. Entonces, Dorian se pone delante de su retrato, que está tapado con un biombo, se enfurece, aprieta los puños y Basil le dice que no lo verá si no quiere, pero que es absurdo que no pueda ver su obra sobre todo cuando se dispone a exponerla en París. Dorian le recuerda que él prometió no exponer ese cuadro en ningún lugar y que dejaría que lo llevara con una condición, que le contara su secreto, Basilio acepta con una condición, que también conteste su pregunta: ¿Has notado peculiar en el retrato? Dorian se asustó y cree que sabe su secreto. Basil le dice que cuando desde que lo conoció empezó a idolatrarlo por su belleza, y que al hacer el cuadro había puesto demasiado de sí mismo en él, y que por eso nunca quiso presentar el cuadro en público. La confesión a Dorian le sorprende mucho, pero también le preocupa porque él siente lo mismo por Lord Henry y le dijo al pintor que le agradecía su confianza, pero que no volvería a posar para él y nunca más nadie volvería a ver el cuadro, que lo iba a cambiar de lugar.

Dorian llama a su criado y le pide que envíe a dos hombres para que le ayuden a cambiar de lugar el cuadro. Suben a la habitación que Dorian había ocupado cuando era niño, y él cierra y guarda la única llave que había de la habitación. Después lee una información que le mandó lord Henry que hablaba de la muerte de Sibyl, pero se enoja mucho, ya que estaba tan paranoico con lo del cuadro que todo lo asustaba y con cualquier cosa se enojaba. Tomó el libro que le había mandado lord Henry, un libro muy extraño, una novela sin argumento en la que el único personaje había empleado su vida tratando de experimentar en el siglo XIX todas las pasiones y maneras de pensar pertenecientes a siglos anteriores al suyo, y que amaba aquellos renunciamientos a los que los hombres llamaban virtudes. Luego deja el libro y va a un club a encontrarse con lord Henry, a quien le dice que le ha fascinado el libro.
Pasaron los años y ese libro seguía influenciando la vida de Dorian, pues le parecía que contenía su vida entera antes de que él la viviera. Conforme pasaba el tiempo la gente se asombraba más de Dorian, pues el paso del tiempo no se notaba en él, y quienes habían oído de él las mayores vilezas, no les daban crédito cuando lo conocían, pues su rostro había conservado la pureza que tenía el valor de un reproche, y su físico había escapado a la corrupción de una época sórdida a la vez que sensual.
Al llegar a su casa siempre iba a ver el cuadro y descubría que el retrato del cuadro había envejecido y reflejaba maldad, mientras él no tenía ni una sola arruga como algún día él había deseado y que ahora no lo hacía sentir tan bien como se lo imaginaba, pero decidió seguir con su vida y empezó a buscar diferentes actividades como internarse en la religión católica, en la música, hizo grandes fiestas, se metió al mundo de las joyas, a los bordados y tapices, así fue pasando de un lugar a otro teniendo especial influencia entre los jóvenes a lo que él sentía cierto temor.
Dorian ya casi tenía treinta y ocho años cuando un día saliendo de la casa de lord Henry encontró a Basilio y éste le dijo que tenía que hablar con él antes de irse de viaje a París, entraron a la casa de Dorian y Basilio le preguntó, qué pasaba con él, porque todos los jóvenes que se acercaban a él terminaban en muy malas condiciones o terminaban suicidándose, a lo que Dorian contestó: “porque conozco todo cuanto se refiere a sus vidas, pero no porque ellos sepan mucho de la mía, al descubrirles y demostrarles que son muy hipócritas, ellos se ofenden y por eso me repudian porque yo sé hasta su pecado más secreto”, Basilio le dijo que debería conocer su alma y que no debería juzgar a los demás porque él también tenía cosas que no eran tan buenas. Dorian se levantó y le dijo que en ese momento le iba a enseñar su alma.

Subieron a la habitación donde Dorian escondía el cuadro que había hecho Basilio y cuando este miró el cuadro casi se desmaya de la impresión, pero Dorian trata de justificar el por qué se veía así transformado diciendo que tal vez sea por causa de la humedad y el moho, mientras, repentinamente, se llenaba de odio hacia Basilio sintiendo que el retrato le decía al oído que lo matara y Dorian lo mata hundiéndole un cuchillo detrás del oído. Después de haberlo asesinado, se siente tranquilo ya que lo considera el origen de sus sufrimientos. Luego, sale de su casa y toca la puerta como si recién estuviera llegando y le dice a su ayuda de cámara que se había olvidado las llaves y de esa manera no lo relacionen con la muerte de Basilio.

A la mañana siguiente Dorian se despertó muy tranquilo y sin ningún remordimiento, mientras se desayunaba busca en una agenda el nombre de Alan Campbell y cuando lo encontró, manda a su criado a buscarlo, le mandó una carta pensando que era la persona que podía ayudarle a deshacerse del cuerpo de Basilio, ya que éste era un gran químico y podía inventar una sustancia. El criado se fue en busca de Campbell y de inmediato regresaron, cuando Dorian lo vio le contó que había un muerto en la habitación de arriba y que lo mandó llamar porque necesitaba que le ayudara a deshacerse del cuerpo. En un principio el químico se negó, pero Dorian lo amenazó y como sabía cosas de su vida tuvo que aceptar. Dorian le dijo al criado que se fuera, que tenía toda la tarde para él y Campbell subió al ático hacer el trabajo. Este bajó pálido pero tranquilo y dijo a Dorian, ya hice lo que me pidió y espero que no volvamos a vernos nunca. Dorian subió a ver la habitación y ya no estaba el cuerpo, sólo había un horrible olor a ácido nítrico.

A las ocho y media de la noche Dorian de aquel mismo día en que desapareció el cuerpo de Basil Hallward, ya estaba en el salón de lady Narborough, una amiga, y nadie se imaginaba lo que acababa de pasar, él instantáneamente experimentó el terrible placer de una doble vida y se sentía muy mal, cuando de repente ve entrar a lord Henry siente un gran consuelo. Cuando éste va a donde está Dorian lo ve muy desmejorado y le pregunta que si tiene algún problema y lady Nearborough contesta es que Dorian está enamorado, éste rechaza no haberse enamorado. Cuando sonaron las doce campanadas Dorian subió a un coche y dio al cochero una dirección.
Tumbado en el coche Dorian miraba la sórdida vergüenza de la ciudad repitiendo interiormente las palabras que le dijo Lord Henry el día que se conocieron, “Curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos por medio del alma”. Su alma en verdad estaba mortalmente enferma, había derramado sangre inocente, pero aunque el perdón fuera imposible, posible era aún el olvido y él estaba decidido a olvidar.

Dorian se estremeció y rápidamente se dirigió al muelle, al cabo de unos minutos llegó a una casita miserable, entró sin decir una palabra, y vio unos niños que jugaban con unos dados de hueso, dos mujeres mofándose de un viejo que se restregaba las nalgas con una expresión de asco. Dorian miró aterrorizado y empezó a lloriquear. Él estaba prisionero en sus pensamientos y de sus culpas, parecía ver los ojos de Basil mirándolo, necesitaba escapar de sí mismo y se fue al muelle, allí tomo brandy con Adriano y arrojando dinero pidió a las mujeres que no lo molestaran. Al dirigirse a la puerta una horrible risa brotó de la mujer que había cogido el dinero y gritó ¡Ahí va el que hizo el pacto con el diablo!, ¡Maldita! respondió él. Dorian apresuraba el paso para salir de allí, pero fue empujado mientras una mano le apretaba la garganta con esfuerzo, soltándose vio a un hombre fornido y enojado era Jaime Vane y Dorian le preguntó: “¿qué le he hecho yo?”, destrozó la vida de Sibyl Vane hace dieciocho años y ella era mi hermana, pero Dorian le dijo que lo llevara a la luz y se iba a dar cuenta de que era imposible que él hubiera conocido a su hermana. Al fin lo llevó a la luz y Jaime Vane se dio cuenta que era muy joven para que hubiese conocido a Sibyl, le pide una disculpa y lo dejó ir.
Dorian fue al invernadero de Selby Royal. Mientras conversaba con la duquesa de Monmouth, lord Henry se acercó a ellos y le preguntó a ella si ya Dorian le había conversado acerca de su proyecto de rebautizar todo. Más adelante, Dorian le ofrece a la duquesa traerle unas orquídeas, pero cuando va a traerlas se desmaya al ver en la ventana del invernadero la cara de Jaime Vane vigilándole, por lo cual es auxiliado por lord Henry quien no sabe el motivo de su desmayo.
Al día siguiente, Dorian no salió de su casa, tenía un infinito terror a la muerte y cuando cerraba los ojos veía la cara del marinero. El horror parecía poner su mano en su corazón y los remordimientos no le permitían vivir. Imaginaba cosas que no estaba seguro de haberlas visto. Dorian le dijo a lord Henry que presentía que algo horrible le iba a suceder a alguno de los dos y éste le contestó que lo único horrible era el aburrimiento. Dorian ordenó a su criado que preparara sus cosas para el expreso de la noche a Londres, cuando tocaron a la puerta y era el guardia mayor, que fue a informarle acerca del desafortunado accidente de la mañana y que sólo sabía de la víctima que era un marinero y Dorian sintió como si su corazón cesara de latir, pues algo le decía que ese hombre era Jaime Vane. Fue a comprobarlo y efectivamente era él, permaneció mirando el cadáver unos minutos y se marchó con los ojos llenos de lágrimas.
Lord Henry dice a Dorian que no puede cambiar, que de nada le sirve ser bueno, pero Dorian le asegura que está haciendo cosas buenas para cambiar, como renunciar a perjudicar a Hetty, de la que se había enamorado, aunque ella no perteneciera a su clase social, y que durante el mes de mayo solía verla dos o tres veces por semana, y que cuando la encontró la dejó ir para no hacerle ningún daño como tantas veces he lastimado y degradado a la gente de su alrededor. Le reveló que era el primer sacrificio de sí mismo que se reconocía y que quería ser mejor.

Lord Henry le informó que la gente todavía se acordaba de la desaparición de Basil, pero que a él no le interesaba lo que haya decidido de su vida. Dorian le preguntó si no se le había ocurrido que Basilio haya sido asesinado, a lo cual lord Henry responde que no sabe quién podría tener ese interés, y que pintaba maravillosamente pero era poco astuto. Dorian lo interrumpió para confesarle que él había asesinado a Basil, a lo cual lord Henry sólo comentó que todo crimen es vulgar y toda vulgaridad es un crimen y le preguntó por el cuadro que había hecho Basil. Dorian le contestó que ya lo había olvidado y que jamás le había gustado. Luego, lord Henry le preguntó “¿qué provecho logra el hombre que gana el mundo entero pero pierde su alma?” “¿Por qué me lo pregunta a mí?” le dijo Dorian, a lo que él le responde que es la única persona que puede contestarle. Dorian dijo que es una terrible realidad, pero que el alma existe y que cada uno de nosotros puede envenenarla o hacerla perfecta.
Lord Henry preguntó a Dorian, que cuál era su secreto para conservarse joven y maravilloso como lo había conocido, y le dijo que le satisfacía pensar que la vida ha sido su arte. “Sí, mi vida ha sido exquisita pero no voy a seguir la misma vida y ahora si me disculpa quiero acostarme temprano, mañana nos veremos a las once” dijo Dorian y se retiró.

Cuando iba hacia su casa dos muchachos dijeron al verlo es Dorian Gray. Recordó como le gustaba que la gente hablara de él y en ese momento le cansaba oír su propio nombre. Cuando llegó a su casa se echó sobre el sofá y sintió un ardiente anhelo por la pureza inmaculada de su adolescencia, recordó como lord Henry la dominó y cómo la había llenado de vergüenza, recordó el momento de orgullo y de pasión en que pidió que el retrato cargase con el peso de sus días y él conservase el inmaculado esplendor de la juventud, y pensó que mejor hubiese sido que cada pecado de su vida trajese consigo su segura y rápida pena.
Pensaba en el suicidio de Sibila Vene, en que Jaime Vane yacía en una tumba sin nombre, en que Alan Campbell se mató en su laboratorio, en la desaparición de Basil y era la muerte en vida de su propia alma la que lo trastornaba, y sintió que el retrato era el causante de todo y pensó que si éste desaparecía se sentiría mejor. Entonces, subió a la habitación donde estaba el cuadro, tiró de la cortina que cubría el retrato y un grito de dolor y de indignación se le escapó, miró a su alrededor y vio el cuchillo con el que había matado a Basil, lo tomó y apuñaló el retrato. Sólo se oyó un grito tan horrible que los criados salieron rápido a mirar qué pasaba. Al subir a la habitación encontraron el cuadro de su señor en toda la maravilla de su exquisita juventud y de su belleza, y en el suelo, vestido de etiqueta, y con un cuchillo clavado en el corazón, el cadáver de un hombre muy mayor, muy consumido, lleno de arrugas, y cuya cara era repugnante, a quien solo reconocieron cuando examinaron las sortijas que llevaba en sus dedos.

Anécdota

Oscar Wilde supo retratar a la perfección, con gran ojo crítico, tanto la sociedad de su época (finales del siglo XIX, en plena época victoriana), como el tema de la vanidad, de la locura y la enajenación. Su perfección como retratista y sus descripciones cautivaron a su público. Sin embargo, el carácter en ocasiones algo indolente de Dorian Gray lo volvieron en su contra durante los juicios que se celebraron en Londres en contra del autor a propósito de su homosexualidad, entonces un delito por el que se podía ir a la cárcel. Oscar Wilde se defendió admirablemente en el estrado, después de que fueran leídos en voz alta varios pasajes del libro en los que se podría entrever cierta conducta aduladora y delicada entre Dorian y el pintor Basil. Oscar Wilde afirmó que no se podía juzgar en modo alguno a “un hombre por lo que escribe”.

Biografía del autor

Oscar Wilde nació el 16 de octubre, en Dublín, Irlanda, en el seno de una familia protestante irlandesa. Fue el segundo de los tres hijos que tuvieron el médico Sir Williams Robert Wills Wilde y su esposa Jane Francesca Elgee. Ella era una escritora de éxito y una nacionalista de la causa irlandesa, conocida con el sobrenombre de Speranza. Su padre era un destacado cirujano en las especialidades de nariz y oído, además de un renombrado filántropo.

Gracias a una beca, el 17 de octubre de 1874 ingresó en el Magdalen College, de Oxford, donde continuó sus estudios hasta 1878. Durante su estancia en este colegio falleció su padre, el 19 de abril de 1876. Su poema Ravenna le permitió adjudicarse el «Oxford Newdigate Prize» en junio de 1878. Finalmente, en noviembre de 1878 obtuvo el título de Bachelor of Arts, graduándose con la mayor nota posible.

Desde su período en el Magdalen College, Wilde adquirió popularidad especialmente por comenzar a llevar el pelo largo y a desdeñar abiertamente los deportes llamados “masculinos”. Asimismo, comenzó a decorar sus cuartos en el College con plumas de pavo real, lilas, girasoles, porcelana erótica y otros objetos de arte.

Es posible que el autor escribiera El retrato de Dorian Gray motivado por su deseo de transgresión, de ir contra las reglas, pues en la época victoriana cuando escribió la obra las reglas de etiqueta como la moral eran muy estrictas y a él le desagradaba lo convencional.