viernes 16 de abril de 2010

Autor: Carlos Meneses


FLORES PARA ERNESTINA

A Rosa Montero


Nunca se supo si fue venganza o Ernestina tomó esa decisión. Se le oía decir con frecuencia que buscaba una vida mejor que la de los seres humanos. Su alimentación era frugal: desayunaba margaritas; almorzaba magnolias o azucenas y hacía una cena mínima con una rosa o un clavel. No se debe omitir que estaba comprobado que amaba los jardines y que las flores la consideraban una gran amiga. Cuando se esfumó, porque no se puede dar otro calificativo a su súbita desaparición, hubo variedad de opiniones. El tiempo marchitó recuerdos y voces. Algunos de los muchos que acostumbraban pasear por los jardines dijeron haber escuchado alguna vez una voz muy fresca parecida a la de Ernestina. Añadieron que era como un sonido musical que brotara de alguna flor.




PURO AMOR



Convertía el verso en amor, el vino en amor, amor para los que lo querían y para los que lo odiaban. Amor desde el Perú, desde Francia, desde España. César Vallejo, nació para amar.



QUIÉN SERA





Abre la puerta, apaga las luces, desnúdate pronto, entra en la cama, reviste la noche de gran esperanza, espera en silencio. No tendrá rostro en ningún momento, podrá ser suma de bellos deseos o equivalente a gran decepción.. Si esperas sonrisas podrás tener llantos. Si temes sollozos quién sabe será lo contrario, tu ideal aguardado. Por el camino cómplice de la negra noche se irá alejando, oirás sus pasos de puro silencio . Si vuelve ¡albricias!. Si no seguir esperando. De ninguna manera enciendas las luces ni mucho menos le cierres la puerta.

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