viernes, 21 de mayo de 2010
viernes, 16 de abril de 2010
Autor: Carlos Meneses

FLORES PARA ERNESTINA
A Rosa Montero
Nunca se supo si fue venganza o Ernestina tomó esa decisión. Se le oía decir con frecuencia que buscaba una vida mejor que la de los seres humanos. Su alimentación era frugal: desayunaba margaritas; almorzaba magnolias o azucenas y hacía una cena mínima con una rosa o un clavel. No se debe omitir que estaba comprobado que amaba los jardines y que las flores la consideraban una gran amiga. Cuando se esfumó, porque no se puede dar otro calificativo a su súbita desaparición, hubo variedad de opiniones. El tiempo marchitó recuerdos y voces. Algunos de los muchos que acostumbraban pasear por los jardines dijeron haber escuchado alguna vez una voz muy fresca parecida a la de Ernestina. Añadieron que era como un sonido musical que brotara de alguna flor.
PURO AMOR
Convertía el verso en amor, el vino en amor, amor para los que lo querían y para los que lo odiaban. Amor desde el Perú, desde Francia, desde España. César Vallejo, nació para amar.
QUIÉN SERA
Abre la puerta, apaga las luces, desnúdate pronto, entra en la cama, reviste la noche de gran esperanza, espera en silencio. No tendrá rostro en ningún momento, podrá ser suma de bellos deseos o equivalente a gran decepción.. Si esperas sonrisas podrás tener llantos. Si temes sollozos quién sabe será lo contrario, tu ideal aguardado. Por el camino cómplice de la negra noche se irá alejando, oirás sus pasos de puro silencio . Si vuelve ¡albricias!. Si no seguir esperando. De ninguna manera enciendas las luces ni mucho menos le cierres la puerta.
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Autor: Carlos Meneses
miércoles, 3 de marzo de 2010
Autora: Nadine Alemán

El Cuadro
Por : Nadine Alemán
El marco tenía por lo menos, a mi escaso entender, unos ochenta o noventa años. Siempre me había intrigado pero no me animaba a preguntar de dónde había salido. Quedaba yo con la idea de que alguna tía abuela o alguien más allá lo había traído del campo, de la provincia, no sé. Eso me figuraba por la sencillez, la fina caoba tan natural, y esa terminación tan lacia y uniforme, sin ninguna veta ni olor a tintura de madera. Nuestra casa era la típica de pueblo con rejunte de mobiliario y adornos de aquí y de allí, mezclando las diferentes épocas de la historia del país, la región y la propia historia económica de la familia, (¡que había pasado por tantas!). Por eso, el rastreo sobre mi objeto de investigación no hubiese dado buenos frutos. En parte también por la ignorancia total en que se manejaba mi familia en este aspecto. Para ellos las cosas estuvieron, estaban y estarían allí para siempre, sin importar de quienes fueron, qué representan, lo que provocaran o cómo quedaran. Punto.
Yo siempre había tenido esta ceguera parcial que solo me permitía manejarme por la vida con el conocimiento de las luces y sombras, nunca jamás había detectado yo el detalle, el contorno de las cosas que las separan de las demás. Finalmente para mí todo se sintetizaba en una mancha más o menos gris que otra que, potenciada en mi imaginación, se convertía en un objeto familiar. Así me pasaba con todo lo de la casa, y jamás había logrado detectar algo del patio por ejemplo, ya que la luz me cegaba de tal manera que todo se volvía una gran masa blanca que me agredía inexorablemente. Entonces me quedaba paseando por la antigua casa, creando una sonata (por años estudiada por mí), en los pisos de madera de cada pasillo, que tenía un largo silencio cuando pasaba frente a ese marco en la esquina, por sobre la mesita de donde venía un exquisito olor a flores que Dorita cambiaba cada dos o tres días.
Había más cuadros antiguos, muchos, pero en todos yo percibía lo mismo salvo en ese en que las manchas que contenía el marco me resultaban casi familiares. Todas las tardes, luego de almorzar, impartía mi sonata de pasos sobre el piso de madera para detenerme frente al marco, intentando descifrar más, según el favor de la luz de la ventana me lo permitiera. Y me quedaba allí por lo menos dos horas, según me marcaba el incesante péndulo cercano. Ciento diez, ciento once…ciento veinte minutos y me marchaba a mi cuarto para descansar y elucubrar qué figura escondería ese marco caoba de la esquina del pasillo.
Mi penosa enfermedad ocular no me había permitido jamás determinar figuras, pero yo había inventado un método de asociación tal que, sin conocer el mundo de la imagen en absoluto, podía formar, transformar o humanizar estas manchas, dándole nombre, color (si podía llamarse color a lo que yo imaginaba), y en este caso podía decir que se trataba de una flor, según lo que yo reconocía por flor en mi conocimiento táctil del jardín. Sí, la pintura del cuadro para mí era una flor. Insisto en que mi conocimiento de botánica se remitía a oler y tocar flores del pequeño jardín de la casona, siempre y cuando la benévola Dorita me permitiera pasear por allí omitiendo los ataques sobre protectores de mi madre que tenía prohibido que yo saliera.
Una flor, yo estaba decidida a que la pintura contuviera una flor, y hasta podría describirla. Se trataba de una flor de dos grandes pétalos en forma de almendra, y me asaltaba la pregunta si el pintor la hubiese hecho así o si hubiese sido tan antiguo el óleo que se le hubiesen borrado los pétalos restantes.
– Dorita…decime ¿qué precioso arte ves ahí? – para que Dorita en su apuro se riera a carcajadas y me dijera – Pero señorita si yo no sé ná de pintura, señorita! – y con apuro saliera a tender la ropa. Pero yo insistía en que la flor contenía algo más, y forzaba mi vista a arrancar lo inarrancable del cuadro en cuestión. ¿Dos flores serán? No, una flor, una flor solitaria, con perenne autoridad y con la lógica soledad del rincón justo a la salida. La salida para mí, la entrada para el resto de la gente.
Una flor recluida en el mustio marco de caoba, tan definido y sobrio. Encerrada para siempre en la madera de un rostro abstinente, con solo dos pétalos grises, ovalados de toda ovalidad, y un tallo justo, certero, filoso, como un pequeño cuerpo austero que la sostenía en la nada de lo que parecía ser un viejo lienzo que la mantenía atrapada.
– Qué la niña se lo pasa viendo todo el tiempo, señora, que ya ni el té quiere tomar…. –Marta, usted es nueva, no nos conoce mucho todavía, pero sepa que mi hija no ve, es ciega de nacimiento, solo se para ahí a tomar aire y a disfrutar el aroma de las flores que, yo insisto, usted debe cambiar día a día, Marta…
Desde la muerte de Dorita todo había sido diferente, mis horas resultaban aburridas al no oírla pasar con el fuentón y la risotada lista para cuando le preguntara sobre la pintura.
Una flor solitaria, indemne, con dos pétalos expuestos como ovoides bracitos que yo percibía al mirar. La flor y su franca fragilidad, su sereno despotismo al no haberse movido jamás de allí en todos los años que yo estuve frente a ella.
Fue al final del almuerzo, mientras me retiraba a mi siesta resignada de todas las tardes, cuando escucho de mi madre ya senil: -¡Marta, que cambie las flores de la entrada todos los días le dije… ¡y me saca ese espejo viejo y mohoso de ahí también!
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Autora: Nadine Alemán
jueves, 28 de enero de 2010
viernes, 1 de enero de 2010
Editorial
Queridos Colaboradores,
Queremos agradecer a todas las personas que nos enviaron sus colaboraciones durante estos dos años.
Gracias al internet, este blog es un espacio para que sus obras puedan darse a conocer no sólo en sus países sino a nivel mundial y les pedimos que antes de enviarlas, las revisen detenidamente.
Los invitamos a seguir con nosotros durante este año, que difundan la página entre sus conocidos y que nos escriban dándonos sus ideas para mejorar este espacio que empezó con dos colaboraciones y poco a poco, fue creciendo.
¡Gracias!
Página en Blanco
Dear Friends,
We want to thank everyone who sent their collaboration during these two years.
Thanks to the internet, this blog is a space for their works and can be known not only in their own country but worldwide and we ask that before sending, check carefully.
We invite you to stay with us during this year to publicize the page with their friends and write to us giving us their ideas for improving it. This blog began with two collaborations and gradually grew.
Thanks!
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Queremos agradecer a todas las personas que nos enviaron sus colaboraciones durante estos dos años.
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Nota Editorial
martes, 22 de diciembre de 2009
Autor: Julien Higgins
De repente tu risa
oída desde un cuarto lejano
profunda, aniñada y
sin embargo mujeril.
El tono no sube de un modo histérico
como el de otras mujeres
y tampoco es apagado.
Es juguetón, ligaremente ronco y vibra en tu garganta.
De repente tu risa
llena mi oído en el cuarto pequeño.
Agudizo el oído
pero enseguida la haces callar.
Me haces sonreír a medias.
oída desde un cuarto lejano
profunda, aniñada y
sin embargo mujeril.
El tono no sube de un modo histérico
como el de otras mujeres
y tampoco es apagado.
Es juguetón, ligaremente ronco y vibra en tu garganta.
De repente tu risa
llena mi oído en el cuarto pequeño.
Agudizo el oído
pero enseguida la haces callar.
Me haces sonreír a medias.
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Autor: Julien Higgins
Autor: Rodolfo Ybarra
Una Mosca verdosa flota en el aire, va trazando una elíptica silenciosa, una silueta embarazada, imagino que esta mosca es un profeta, la última de los profetas declamando la maldición de Dios o mejor ella-es-Dios con sus alitas miserables y sus ojitos condenados surcando sendos basurales. ¿De dónde habrá venido? Seguro posó sus patas en la caca de algún perro o deslizó su deliciosa lengua en la fruta de un niÑo. Ese brillo verdoso la delata, la repele. Mucha gente ha perseguido en las riberas de los ríos y en los cementerios preÑados de venganza. Muchos jóvenes le han lanzado piedras y torturado en bolsas de polietileno sacándole una, dos, tres patas. Y ella ha escapado al son de las trompetas liberada por un milagro, y ha recorrido cielos malignos cantando aleluya, yendo y viniendo agazapada en los arbustos, pegada a la ventana de un automóvil, mendigando un paralelelípedo de azúcar o el escupitajo de un viejo canceroso y ahora ha llegado a las mazmorras de mi cuarto atraída por el olor de la resina que se adhiere a los platos de comida.Está volando en círculos, nerviosa,aquejumbrada, trata de decirme algo y no logro comprenderla. El zumbido de sus alas rebota en mis oídos; con mucho esfuerzo logra posarse en la palma de mi mano, la veo frotar sus dos únicas patitas maquinando sus huída por la ventana, con sy barriga repleta de pelos y su repugnante apariencia.Pareciera decirme que el final de mi tiempo está cerca, ésta es su profecía mientras desespera y brinca de aquí para allá, seÑalándome con su boca tuberosa, asesinando y consumiendo con su infección el hueco de mi mano, mientras se cierra la imposibilidad de la vida sobre la posibilidad de la muerte.Y la mosca lo sabe e intentará cubrir ese estrecho espacio con el último aliento de sus alas y mientras sus ojos fraccionados observan una mancha que la detiene y la arrincona,que la constriÑe,la desplaza,y la vuelve a detener, así como una plamada, un suave golpe con la mano matamosca o con cualquier arma al alcance. Nada más.
Un Cuchillo Sirve para cortar las carnes en los mercados, sirve para separar el tronco de las extremidades, la cabeza del cuello y el cuello del resto.Un cuchillo sirve para diferenciar la vida de la muerte, por eso un cuchillo es más que un cuchillo; recordemos la oreja cercenada del pintor y los muchos crímenes y suicidios que se suceden en el mundo. Un cuchillo es algo sagrado, los dioses antiguos otorgaban poder a quienes lo poseían. Y el hombre primitivo afianzó su seÑorío al hacer uso de él.
Describamos cómo es un cuchillo: Primero el mango,generalmente de madera, aunque algunos asesinos optan por envolver un pedazo de tela o un trozo de cable. El cuerpo debe ser filudo a un lado y rombo al otro, de lo contrario ya no sería un cuchillo sino un vulgar puÑal. Hay que tener mucho cuidado con el filo, casi siempre requiere un mantenimiento con piedra de diamante, esmeril o una superficie rugosa en la que se pueda acentuar su peligrosidad, aunque ésta casi siempre depende de la mano que lo maneja.Si es una mano diestra, podrá cortar rabo y orejas de un solo zarpazo. Si es una mano novicia, no alcanzará a descubrir la filosofía del horror al vacío; por otro lado, un cuchillo es también un instrumento de placer, un innegable vehículo de orgasmos y de fantasías ineluctables. Un cuchillo no cree en racismos, puede cortar por igual carne negra, blanca o amarilla, puede cortar venas, arterias, y músculos sin reconocer las teorías del cirujano, puede mutilar, cercenar, destripar, despanzurrar, descabezar, desorejar, desollar, etc. Sin despertar el más mínimo de los sentimientos. Un cuchillo por lo tanto no tiene corazón, tiene el pulso de quien lo maneja y la profundidad de quien le rehuye, tiene el miedo de quien le enfrenta y la rabia de quien lo empuÑa. Finalmente anotemos: Del sujeto “cuchillo” al verbo “acuchillar” hay un solo segundo,un insignificante segundo suficiente para decir basta.
Un Cuchillo Sirve para cortar las carnes en los mercados, sirve para separar el tronco de las extremidades, la cabeza del cuello y el cuello del resto.Un cuchillo sirve para diferenciar la vida de la muerte, por eso un cuchillo es más que un cuchillo; recordemos la oreja cercenada del pintor y los muchos crímenes y suicidios que se suceden en el mundo. Un cuchillo es algo sagrado, los dioses antiguos otorgaban poder a quienes lo poseían. Y el hombre primitivo afianzó su seÑorío al hacer uso de él.
Describamos cómo es un cuchillo: Primero el mango,generalmente de madera, aunque algunos asesinos optan por envolver un pedazo de tela o un trozo de cable. El cuerpo debe ser filudo a un lado y rombo al otro, de lo contrario ya no sería un cuchillo sino un vulgar puÑal. Hay que tener mucho cuidado con el filo, casi siempre requiere un mantenimiento con piedra de diamante, esmeril o una superficie rugosa en la que se pueda acentuar su peligrosidad, aunque ésta casi siempre depende de la mano que lo maneja.Si es una mano diestra, podrá cortar rabo y orejas de un solo zarpazo. Si es una mano novicia, no alcanzará a descubrir la filosofía del horror al vacío; por otro lado, un cuchillo es también un instrumento de placer, un innegable vehículo de orgasmos y de fantasías ineluctables. Un cuchillo no cree en racismos, puede cortar por igual carne negra, blanca o amarilla, puede cortar venas, arterias, y músculos sin reconocer las teorías del cirujano, puede mutilar, cercenar, destripar, despanzurrar, descabezar, desorejar, desollar, etc. Sin despertar el más mínimo de los sentimientos. Un cuchillo por lo tanto no tiene corazón, tiene el pulso de quien lo maneja y la profundidad de quien le rehuye, tiene el miedo de quien le enfrenta y la rabia de quien lo empuÑa. Finalmente anotemos: Del sujeto “cuchillo” al verbo “acuchillar” hay un solo segundo,un insignificante segundo suficiente para decir basta.
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Autor: Rodolfo Ybarra
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Autora: Patty Camacho Blas. La suerte que no conocimos
La suerte que no conocimos
Autora: Patty Camacho Blas
amor
dijo
él
besa mis labios
besa mis ojos
besa mis manos
hazme olvidar
Charles Bukowski.....
Cass la pequeńa niña
mujer demonio
enredada en mi cuello
manos que atan
desatan pesadillas
labios rojos
entregados al dolor
me sumergí
como pez volador
en tu enmarejado cuerpo
bebí
el dolor
aroma sudor
de tu locura
quisiste darme tu alma
tu última lágrima
inocuo dolor
que no calo suficiente en el amor
las frases están hechas
los nichos cerrados
mis ojos abiertos
esta noche
más que nunca
al dolor
quizás tengamos suerte
esta vez
quizás tengamos suerte nos dijimos
aquella noche
mintiéndonos
cual amantes lascivos
buitre inmenso
rondando nuestras cabezas
esta noche
de canícula ardiente
te recuerdo
tu manto sagrado
la indecencia de mis noches
la suerte que nunca podremos conocer
Autora: Patty Camacho Blas
amor
dijo
él
besa mis labios
besa mis ojos
besa mis manos
hazme olvidar
Charles Bukowski.....
Cass la pequeńa niña
mujer demonio
enredada en mi cuello
manos que atan
desatan pesadillas
labios rojos
entregados al dolor
me sumergí
como pez volador
en tu enmarejado cuerpo
bebí
el dolor
aroma sudor
de tu locura
quisiste darme tu alma
tu última lágrima
inocuo dolor
que no calo suficiente en el amor
las frases están hechas
los nichos cerrados
mis ojos abiertos
esta noche
más que nunca
al dolor
quizás tengamos suerte
esta vez
quizás tengamos suerte nos dijimos
aquella noche
mintiéndonos
cual amantes lascivos
buitre inmenso
rondando nuestras cabezas
esta noche
de canícula ardiente
te recuerdo
tu manto sagrado
la indecencia de mis noches
la suerte que nunca podremos conocer
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viernes, 23 de octubre de 2009
Autora: Ericka Koehler. Ruego de un condenado a muerte.
Autora: Ericka Koehler
Ruego de un condenado a muerte
No me condenes.
Porque nadie tiene la sombra perfecta
ni el ojo tan claro
Aunque el viento golpee
Y la lluvia no cese
Y parezca gris
Aunque no quede mar
Y ni una ave colgada de ese poste
No me condenes.
Porque nadie bebe leche fresca todos los días
ni recibe el abrazo generoso de la paz
Aunque creas que nunca más sea domingo
Y el parque no florezca
Y la nieve destruya nuestro techo
Aunque no te salude ningún amigo
Y todos crean que ésa es la verdad absoluta...
No me condenes.
La única verdad
es ésta
Ayer
no es hoy.
Ruego de un condenado a muerte
No me condenes.
Porque nadie tiene la sombra perfecta
ni el ojo tan claro
Aunque el viento golpee
Y la lluvia no cese
Y parezca gris
Aunque no quede mar
Y ni una ave colgada de ese poste
No me condenes.
Porque nadie bebe leche fresca todos los días
ni recibe el abrazo generoso de la paz
Aunque creas que nunca más sea domingo
Y el parque no florezca
Y la nieve destruya nuestro techo
Aunque no te salude ningún amigo
Y todos crean que ésa es la verdad absoluta...
No me condenes.
La única verdad
es ésta
Ayer
no es hoy.
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Autora: Ericka Koehler,
Poesía
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