viernes, 12 de diciembre de 2008

Por: Sara Bravo Montenegro. "Rojo y Negro" de Stendhal.


Por: Sara Bravo Montenegro

“Rojo y negro” de Stendhal


Análisis del libro
“El horrible combate que libraban la timidez y el deber se le hacía muy penoso y no le permitía observar nada fuera de sí mismo”, así describe Stendhal el momento en que Julián se encuentra a solas con la señora de Renal, de quien se da cuenta que se ha empezado a enamorar de él, y desea cogerle la mano, lo cual él lo toma como un deber.
En la mayor parte de la obra, Julián Sorel, personaje principal, se debatirá entre cómo debe comportarse y lo que sus verdaderos sentimientos e impulsos lo llevan a hacer. Su deseo por subir en la escala social lo lleva a ser hipócrita y a rechazar el amor de la señora de Renal, por lo cual opta por dejar de ser preceptor de sus hijos e irse a un seminario. Por su parte, esta como una mujer virtuosa se negará en un inicio sus sentimientos hasta que los celos que siente por él la llevan a aceptar lo que verdaderamente siente.
Su deseo de subir en la escala social lo lleva a hacer lo que otros desean que haga y a decir lo que otros desean oír, es decir, es necesario que sea hipócrita para poder dejar su humilde origen. Por otro lado, su hipocresía probablemente no solo sea un arma para subir socialmente, sino también una “caparazón” para defenderse del mundo, de la sociedad y de los intereses mezquinos de los otros, y por lo cual él tiene que ser como los demás son, y aspira a tener lo que otros tienen: poder (el poder de la Iglesia o el poder del Ejército).
Podemos decir, entonces, que esta novela pregunta en repetidas ocasiones la posibilidad, e incluso la conveniencia, de ser sinceros o de ser hipócritas: la mayoría de los personajes y, en particular Julián, son muy conscientes de la necesidad de desempeñar un papel a fin de obtener la aprobación de los que le rodean y de poder lograr subir en la escala social (en el caso de Julián). En la obra, los personajes piensan de una manera y actúan de otra, e incluso optan por esconder sus verdaderos sentimientos (como en el caso de Matilde, que desdeña a Julián por su origen pobre).
El tema principal de la novela es, por otra parte, atemporal y por ello ha trascendido. La novela pregunta en repetidas ocasiones la posibilidad, e incluso la conveniencia, de ser sinceros o hipócritas: la mayoría de los personajes y, en particular Julien, son muy conscientes de la necesidad de desempeñar un papel especial a fin de obtener la aprobación de los que le rodean (aunque no siempre con éxito). La palabra "hipocresía" puede ser entendida como la palabra clave en una novela donde las locuciones de los personajes y sus pensamientos más íntimos están, con mucha frecuencia, en contradicción.

Stendhal, uno de los primeros escritores del realismo, escribe con un estilo muy puntilloso, pues de esa manera logra analizar las pasiones y describir los comportamientos sociales de su época, logrando retratar a la sociedad francesa del siglo XIX. La acción se dilata para describir los gestos de los personajes, y poder penetrar en sus pensamientos, con lo cual logra hacer ver al lector que tanto el actuar y el decir de los personajes está en contradicción con lo que piensan.

LA OBRA

PERSONAJES PRINCIPALES

Julian Sorel: Personaje protagonista de la obra. Atractivo, seductor, apuesto y joven, frágil físicamente, y con rasgos finos, Julian es hijo de un carpintero de la ciudad de Verrières, quien detesta a su padre. Gracias a su encanto, a sus conocimientos de latín y a su inteligencia, comienza una ascensión social acompañada de humillaciones, desengaños amorosos, agravios y abominables intereses.
Sorel tratará a sus amantes con la frialdad que impone la ambición y será tan enamoradizo como el propio Stendhal, un dandy que frecuentaba salones y teatros y en cada uno de ellos encontraba una aventura.
Señora de Renal: Esposa del alcade Verrieres. Tiene aproximadamente treinta años y está dotada de un alma delicada y sencilla, ama a sus hijos, pero no a su marido. Cuando empieza a darse cuenta de que siente celos por Julián se aflige, siente que no debe ceder a sus sentimientos, mas luego su pasión por él se encenderá y no podrá dejar de amarlo.
Matilde de La Mole: Hija del marqués de La Mole. Tiene diecinueve años, es caprichosa y se aburre con sus pretendientes porque estos no son inteligentes. Se enamora de Julián a quien considera inteligente y solo cuando él está se le pasa a ella el aburrimiento. Desdeña a Julián a pesar de sentirse enamorada de él, pues conoce su origen humilde. Llega a tener un romance con él, pero por su carácter antipático Julián la termina aborreciendo.


Resumen de la obra
La mayor parte de los acontecimientos de esta novela se suceden en Verrieres (Francia), una pequeña ciudad que el autor sitúa en el Franco Condado, cerca de su capital Besançon, a orillas del río Doubs. La mayor parte de su población se dedica a la producción de madera y principal fuente de riqueza es la manufactura de estampados. Su población está formada, en buena parte, por advenedizos que tratan de ascender en la escala social, para lo cual ingresan al clero, institución que pugnaba por tener tanto poder como el gobierno de la Francia del siglo XIX, y a la cual el autor crítica en la novela.

En la entrada del pueblo se encuentra la fábrica de clavos, a orillas del río, propiedad del alcalde, señor de Rênal, quien es un hombre de cabellos grises, entre los cuarenta y ocho y cincuenta años de edad. Tiene una casa con grandes jardines, para lo cual compró terreno a sus vecinos, entre ellos al viejo Sorel, dueño de una serrería y padre de tres hijos, entre ellos Julián, personaje principal de esta novela.

El señor de Rênal se da cuenta que él y su esposa ya no pueden controlar a sus hijos por ser demasiado traviesos para ellos, por lo cual le comunica a su mujer que ha decidido contratar como preceptor de ellos a Julián Sorel. Un viejo comandante cirujano del ejército de Napoleón le ha enseñado latín y le ha dejado en herencia todos sus libros. Ha estudiado algo de teología y piensa ingresar en el seminario, por lo que el señor de Rênal, al saber que Julián desea entrar al seminario. Además, piensa que así le dará envidia al Prefecto de la Casa de los Pobres, Valenod, su gran rival político, que no tiene preceptor para sus hijos.

El alcalde y el viejo Sorel llegan a un acuerdo sobre el pago a Julián, quien, en un inicio, no quiere aceptar el puesto, pues cree que será un criado y se siente humillado, pero luego se deja convencer por su padre. Luego, entra a trabajar a la casa del señor de Rênal. Allí conoce a los hijos de este y a su esposa, por quien comienza a sentir una admiración que es correspondida. Los niños llegan a querer y respetar a Julián, mientras la señora de Rênal y él empiezan una relación de amistad que se acrecienta poco a poco.

Con el transcurrir del tiempo, una de las criadas de la casa se enamora de Julián y le confiesa al cura Chélan su proyecto de casarse con él. Julián no se interesa por la propuesta, pues tiene otras ambiciones para lo cual es capaz de comportarse hipócritamente. La señora de Rênal le dice a su criada que intercederá por ella ante Julián, aunque en lo más íntimo de su corazón ella desea que él siga rechazando esa propuesta.

Poco después, por imitación de los hábitos cortesanos, a principios de la primavera, el señor de Rênal traslada su casa al vecino pueblo de Vergy, donde es propietario de un viejo castillo. Julián se dedica de lleno a sus lecturas, pasea por el campo con los niños y descuida la educación de los hijos del señor de Rênal, que le recrimina por ello. Se siente humillado y amenaza con abandonar su empleo para encargarse de los hijos de Valenod, ante lo cual le aumentan el sueldo. Se desahoga paseando en el campo y trama vengarse del alcalde, con su mujer.

El joven se encuentra con Valenod a quien le informa de su aumento de sueldo. Continúa la vida en Vergy mientras el alcalde, preocupado con las intrigas y los vaivenes de la política, no se apercibe de lo que sucede. La señora de Rênal se da cuenta de que está enamorada de Julián, pero la idea del adulterio - que asocia a la de ignominia pública - le aterroriza y decide comportarse con extrema frialdad frente a Julián.

Julián consigue un permiso para ir a ver a su amigo Fouqué. Este le ofrece entrar a partes iguales en su negocio de maderas. Aunque le atrae económicamente, no le gusta la idea de quedarse definitivamente en una provincia, y declina su oferta excusándose en su supuesta vocación por el sacerdocio.

Al regreso a Verrieres, observa la frialdad de la señora de Rênal hacia él, pero poco a poco van deshaciéndose de sus prejuicios: ella de sus principios morales, y él de las diferencias de casta, que ceden a su deseo de hacer fortuna y a su orgullo ante los ricos que le han humillado. El romance entre los dos se desarrolla en completo secreto y Julián va superando la humillación que hasta entonces había sufrido, porque no se siente tratado como un criado.

Más adelante, cuando regresan a Vergy, se enferma el menor de los hijos del alcalde, con lo que se agudiza el remordimiento de su mujer, al pensar que se trata de un castigo divino por sus relaciones con Julián. La señora de Rênal resiste a los remordimientos por el amor que siente hacia el joven. Una amiga de ella, invitada en la casa, se da cuenta de lo que sucede y acude a contárselo a Valenod —rival político del alcalde y antiguo pretendiente de la señora de Rênal—, que escribe una carta anónima al alcalde. Julián sospecha de la carta que ha recibido el alcalde y decide actuar con prudencia. La señora de Rênal, enterada del contenido, propone a Julián redactar otra carta, supuestamente escrita por Valenod, en la que le declara su amor y le amenaza con chantaje.

El alcalde se preocupa por los efectos que el hecho podría tener en su carrera política y en la no pequeña herencia de su esposa. Tras leer la segunda carta, concede a Julián una semana de permiso para que se aleje de la casa. Julián aprovecha ese tiempo para visitar al Abad Chélan, que ya ha sido desposeído de su puesto en Verrieres, y le presta algunos servicios materiales. Después se encuentra con un amigo de Valenod, que le ofrece ser preceptor de los hijos de su amigo que, entre otras cosas, le pagará mucho mejor. En los días de permiso de Julián se ha difundido por el pueblo el escándalo del adulterio. Chélan insta a Julián para que se vaya al seminario o a casa de su amigo Fouqué. Julián sale de Verrieres y se dirige a Besançon.

Julián llega al seminario en Besançon. Allí es recibido por el Rector del seminario, Pirard, quien le dice que tiene una carta de recomendación de Chélan, por lo cual es aceptado allí. Una vez instalado en el seminario, Julián está allí solo por ambición y porque ya no puede seguir en la casa de los señores de Rênal. Poco a poco Julián va aprendiendo el arte de la hipocresía. Mientras tanto la señora de Rênal le ha estado escribiendo con frecuencia, pero sus cartas son interceptadas y destruidas por el Rector, a quien impresiona el fervor religioso de esa mujer, junto con su loca pasión por Julián. En la última carta se despide para siempre, manifestando una completa conversión. En esas circunstancias se presenta Fouqué, que consigue ver a Julián solo después de varios intentos. Este le cuenta la conversión de la mujer del alcalde a la beatería, sin embargo, Julián se interesa por otras cosas y le pide periódicos liberales.

El Rector, víctima de maquinaciones, es destituido de su puesto. Durante seis años, Pirard había mantenido un enfrentamiento con Frilair, Vicario General de la Diócesis, a causa de un pleito por unas tierras entre este y el marqués de la Mole, por quien había tomado partido al comprobar su razón. El Vicario, que en doce años se había convertido en uno de los mayores terratenientes de Besançon, está decidido a usar de toda su influencia para ganar el pleito; de aquí su furia contra el Rector del seminario.

Julián es nombrado preceptor para las asignaturas de Antiguo y Nuevo Testamento, con lo que se gana el respeto de los otros seminaristas. El marqués de la Mole para agradecer a Pirard todos sus servicios en relación al juicio que llevaba con Frilair le ofrece dinero que aquel rechaza. Entonces, al enterarse de que Julián es su favorito le envía dinero anónimamente. Además, el marqués obtiene para el padre Pirard una parroquia en París.

En París, el padre Pirard sugiere al marqués que ofrezca a Julián un puesto de secretario particular. Una vez que Julián sale del seminario, pasa por Verrieres para saludar al padre Chélanl. Consigue una escalera de mano y con ella logra entrar en la habitación de la mujer del alcalde, la señora de Rênal. Ella al inicio lo rechaza, pero luego conversan y él le habla de su vida en el seminario. Estando en esa situación, casi es descubierto por el alcalde, pero consigue escapar perseguido por los perros y los disparos de los criados que le toman por un ladrón, y se dirige a París.

Llega Julián a París que es el centro de la hipocresía y de la intriga, según la novela. El Abad Pirard y Julián son recibidos brevemente por el marqués de la Mole, en su estudio y empieza a trabajar con él. Va aprendiendo los modales parisinos y recobra poco a poco la confianza en sí mismo que había perdido por la impresión del ambiente. En la cena conoce a la mujer y a los dos hijos del Marqués: el Conde Norberto y Matilde.

En la novela se describe aquella sociedad a través de las cenas que los marqueses ofrecían, y al hilo de las reflexiones de Julián. Se relata el aburrimiento, la falta de inteligencia y la total superficialidad de ese ambiente. En una de esas veladas se describe a los pretendientes de Matilde, a quienes esta trata con desdén.

Pasan varios meses. El marqués le ha encomendado a Julián el estudio de la administración de sus latifundios, y viaja a estas regiones. A causa de enfermar, el marqués deposita en Julián cada vez más su confianza. Julián y el marqués pasan mucho tiempo juntos y termina enviándole dos meses a Londres para que frecuente allí los ambientes diplomáticos y poder obtener para él la Cruz de la Legión de Honor, que facilitará el reconocerle como noble.

A su regreso de Londres le conceden la Cruz. Recibe la visita de Valenod, que va a ser nombrado alcalde de Verrieres, pues Rênal ha sido destituido por haber recibido apoyo de los liberales. Este le ruega que le presente al marqués, y Julián, a cambio, le pide para su padre, el viejo Sorel, el puesto de gobernador de la Casa de los Pobres.

La novela nos relata que Julián y Matilde sienten mutua atracción mezclada con desprecio e hipocresía, mutuos también. Él tiene conciencia de clase y ella lo desprecia por su origen humilde, pero le agrada su inteligencia, lo cual lo hace diferente a los pretendientes de su clase, quienes la aburren. El aburrimiento de ella sólo desaparece en presencia de Julián, del que acaba enamorándose y él decide conquistarla.

Julián recibe una carta de amor de Matilde, pero sospecha que se trata de una trampa para perderle. En la duda, y llevado por el deseo de vengarse de todos los desprecios sufridos, envía la carta a Fouqué para que la guarde por si es una emboscada, y contesta a Matilde acusándola de tramar contra él. Sigue un intercambio de cartas y termina con el triunfo de la pasión sobre el orgullo. Matilde Acaba enviándole una carta en la que concierta una cita.

La primera reacción de Julián es marcharse, pues se imagina un complot, pero luego se arrepiente ya que huir le parece una cobardía y decide acudir a la cita armado con pistola. Antes envía también esa carta a Fouqué. Logran verse a escondidas para no ser descubiertos por los criados ni por el marqués, pero se hieren mutuamente.

Pasan días en los que no se hablan, alimentando un odio mutuo por el orgullo herido. Aunque continúan sus contradicciones, recuperan su amistad y Julián acaba por enamorarse de ella; pero con el tiempo Matilde toma una actitud hiriente y se dedica a contarle historias de sus pretendientes, hablando bien de ellos, lo que provoca el dolor de los celos en Julián. Se describe un continuo sucederse de amor, autojustificación y sufrimiento, mientras Julián, que llega a pensar en el suicidio, trata de interpretar los sentimientos de Matilde, típico del romanticismo, donde la emoción es más fuerte que la razón.

Luego, el Marqués envuelve a Julián en un complot político. Consiste en que asista con él a una reunión de conspiradores y se aprenda de memoria un resumen de cuatro folios de lo dicho allí para luego transmitirlo verbalmente a una alta personalidad. Entre los conspiradores se encuentran representantes del clero. Su pretensión es instalar en el poder una monarquía que asegure una mayor unión entre el trono y el altar eliminando la libertad, para lo que piensan formar unas milicias voluntarias, reclutadas en las provincias con el apoyo económico de Inglaterra.

Julián parte para cumplir su misión, en un país extranjero, Estrasburgo, donde debe recitar de recitar de memoria lo dicho en aquella reunión de conspiración a un alto miembro del gobierno y éste envía un mensaje al márques de La Mole. Durante su estancia allí encuentra al Príncipe Korasoff, a quien conoció en uno de los bailes parisinos, y le confía que su aspecto triste y melancólico se debe a que la mujer que ama no le corresponde. Este le aconseja que haga la corte a otra para provocar los celos de la primera, y para ello le proporciona una colección de cartas de amor. Finalmente, Julián regresa a París.

En París entrega al Marqués la respuesta al mensaje. Después elige a la mujer para conquistar. Ante la extrañeza de Matilde, empieza a cortejarla y también a escribir las cartas de Korasoff. Durante una de las comidas en casa de la mujer con la que dará celos a Matilde, coincide con un obispo, tío de aquella, que se hallaba presente en la conspiración. Se trata de un personaje importante, pues interviene en el nombramiento de casi todos los obispos en Francia; se dice que no le niega nada a su sobrina predilecta. Julián sueña ya con ser obispo.

Tras algún tiempo, en el que Julián no acaba de ver el esperado resultado y está a punto de suicidarse cuando se entera de que Matilde va a casarse con otro, esta acaba claudicando, y dándole garantías de que ya no le dejará. Julián, sin embargo, continúa tratándola con un poco de dureza.

Matilde se embaraza y anuncia a Julián que está esperando un hijo, y que se lo va a comunicar a su padre. Así lo hace en una larga carta en la que le manifiesta su decisión de no separarse nunca de Julián aunque la expulse de su casa. Julián es llamado por el Marqués a su despacho, que lo recibe furioso con una avalancha de insultos, mostrándose indiferente ante su ofrecimiento de suicidarse o de que le mate. Decide entonces Julián acudir a Pirard a pedirle consejo pensando en su futura responsabilidad de padre.

Después de mucho cavilar, y habiendo consultado a Pirard, el marqués decide otorgar a Julián un título nobiliario, con parte de sus tierras, una generosa renta a ambos y el nombramiento de teniente de Husares. Julián, que empieza a creerse en efecto hijo de un noble, lleno de júbilo se incorpora al regimiento en Estrasburgo, donde con su personalidad y sus habilidades no tarda en conseguir el éxito.

Un día le llega una carta de Matilde, diciéndole que todo está perdido y que vaya inmediatamente a París. Allí le entrega una carta del marqués en la que dice que no puede consentir a su matrimonio después de haber recibido una carta enviada por la señora de Rênal, y que le entrega dinero con la condición de que se marche al extranjero. Le enseña luego esa carta medio borrada por las lágrimas, en la que reconoce la letra de la señora de Rênal. En ella le dice al marqués que al enterarse de la inminente boda de Julián se ve en la obligación moral y religiosa de advertirle la hipocresía e irreligiosidad del joven, y que es habitual en él recurrir a la seducción para dominar al dueño de la casa y obtener su fortuna.

Julián sale inmediatamente para Verrieres y compra unas pistolas en el viaje. Llega un domingo por la mañana y se dirige a la iglesia, sentándose unos metros detrás de la señora de Rênal. Se siente incapaz de realizar lo que se había propuesto, pero después dispara dos veces sobre ella, que se desploma. Julián es detenido por la policía sin oponer resistencia.

Dos gendarmes llevan a Julián a la cárcel, donde empieza a pensar en el suicidio o en la guillotina que le espera, aceptándola con resignación. Ante el magistrado que le interroga se declara culpable. Escribe a Matilde amablemente, satisfecho de haberse vengado, y le pide que no le escriba, que no hable a nadie de él, ni siquiera a su hijo, y que al cabo de un año se case con uno de sus ricos pretendientes.

Mme. de Rênal, herida sólo en un hombro, está fuera de peligro, lo que ella lamenta, pues no desea otra cosa que morir y envía dinero al carcelero para que trate bien a Julián. Este se entera por el carcelero de ella no ha muerto. A medida que el relato de éste demostraba a Julián que la herida que causó a Mme. de Rênal no era mortal, se enternece y se arrepiente de su deseo de haber deseado matarla.

Luego, Julián es trasladado a Besançon, donde tendrá lugar el proceso judicial. En esa situación, mientras sigue dando gracias al Cielo por no haberla matado, descarta la idea del suicidio y del soborno para huir; sigue pensando en Matilde y siente desprecio por los jueces.

Recibe la visita del padre Chélan y de su amigo Fouqué, que le deja el consuelo de un verdadero amigo que está dispuesto a vender todos sus bienes para liberarle - imagen que contrasta con los jóvenes que ha conocido en París -, pero Julián rechaza el ofrecimiento.

Matilde también quiere lograr la libertad de Julián. Con un soborno consigue el permiso para visitarle y allí le abraza llamando noble venganza al intento de asesinato. Para intentar liberarlo consigue una audiencia con el Vicario General, Frilair, que es además jefe de la policía secreta y el hombre más poderoso de la ciudad. Tras enterarse de que Matilde es hija de su mortal enemigo, el marqués de La Mole y que es amiga de la sobrina del famoso obispo, su semblante se transforma por la ambición. Explica a Matilde que él puede influir en cualquier jurado; luego, le relata el romance entre Julián y la señora de Rênal. Notando el efecto que esto causa en Matilde, no duda en hurgar en la herida - sabiendo que es su arma mejor para dominarla- diciéndole que el motivo del crimen son los celos de Julián, al enterarse de las relaciones de la señora de Rênal con su confesor, un joven sacerdote, y que por eso le disparó durante la misa. Acaba asegurándole la liberación de Julián a cambio del obispado que Matilde promete conseguir.

Matilde solicita a si amiga, la sobrina del obispo que venga personalmente a interceder por Julián. Este se siente abrumado por tanta devoción y sacrificio, aunque lo que le preocupa es si la señora de Rênal le ha perdonado. La tragedia en la que se ve inmerso hace que se produzca una especie de conversión moral de su espíritu egoísta y ambicioso sin límites, ante el sacrificio desinteresado de las dos mujeres. Julián le pide a Matilde que entregue su hijo a la señora de Rênal para que lo críe, y que se case un año después de su muerte.

Julián sufre otros dos interrogatorios, en los que sigue afirmando su culpabilidad, y se refugia en el mundo de sus ideas. Mientras Julián está encarcelado, el vicario Frilair consigue un grupo de hombre fieles en el Jurado, mandados por Valenod, que hipócritamente acepta hacer el favor, para que le absuelvan. Por su parte, la señora de Rênal, contra lo que le dicen su marido y su confesor, escribe a todos los miembros del jurado pidiendo la absolución de Julián.

Durante el proceso, Julián, en su alegato, se declara culpable sin atenuantes, pero se pronuncia contra el jurado, incapaz de juzgarle con clemencia —no veo entre el jurado a ningún pobre enriquecido, sino sólo burgueses indignados—, y se refiere a la injusticia de una sociedad y de unos hombres que no permiten el ascenso social.

Al ser pronunciada la sentencia de muerte por parte del jurado, Julián piensa con asco en la venganza satisfecha de Valenod – quien había escrito en el pasado un anónimo al alcalde hablándole de la relación de Julián con su esposa) su antiguo rival con relación a la señora de Rênal. Esta sentencia se debe a la traición de Valenod a lo prometido al Vicario General.

Encerrado en la prisión, se centra Julián en sus pensamientos sobre la señora de Rênal, y en sus monólogos. Así Julián continúa pensando en el regocijo de sus enemigos. Lo único que le importa es morir con valentía y despreciándolos, pues ha rechazado la posibilidad de la apelación que le sugiere Matilde para no perder con ese tiempo la valentía que ahora siente. Los ruegos de Matilde, que le reprocha amargamente todos sus defectos, le llevan a perder el poco afecto que le quedaba por ella.

La señora de Rênal visita a Julián en la cárcel. Esta, al mismo tiempo que le perdona, le pide perdón por la carta que envió al marqués, contándole que fue su confesor quien la redactó, quedando ambos como víctimas del clero y de la discriminación social. Le pregunta sobre Matilde, a lo que Julián responde que lo que dicen es sólo verdad en apariencia. Luego consigue convencerle de que no se suicide.

El día en que ella se marcha para Verrieres, siguiendo la orden de su marido, sucede el desagradable episodio de un sacerdote, un intrigante que no ha podido medrar entre los jesuitas, y decide hacerse famoso logrando la confesión de Julián. Se planta en la puerta de la prisión recitando oraciones y llamando a Julián a la conversión. Al fin, cansado del escándalo, Julián le permite entrar. Ante la hipocresía del sacerdote, Julián se siente furioso, pero al oírle hablar de la muerte se acobarda y casi llega a traicionarse con un gesto de debilidad; al final se libra de él entregándole cuarenta francos para decir una Misa por su alma aquel mismo día.

De nuevo solo, Julián empieza a llorar pensando en la muerte. Llega Matilde, por la que siente cada vez menos afecto, que le cuenta que Valenod traicionó a Frilair porque el día anterior había sido nombrado prefecto y ya no dependía de éste. Enfurecido echa de la celda a Matilde, que se deshace en lágrimas.

Julián rechaza la visita de su amigo Fouqué, para centrarse en sus meditaciones. Recibe en cambio a su padre, que le reclama todo el dinero que tuvo que gastar en mantenerle y en criarle, a quien disculpa por no ser peor que el resto de la sociedad. En la soledad de su celda, continúa entonces con sus cavilaciones sobre la vida de los hombres, que solo se mueven por el interés y la necesidad, sobre la verdad, la religión.

Uno de los pretendientes de Matilde muere en duelo por defender el honor de ella, y Julián trata de convencerla de que se case con otro. Ella queda sumida en los celos por la señora de Rênal, a la que ve cada día en la celda. A pesar de todos los intentos de las dos mujeres, Julián se niega a apelar la sentencia, y es guillotinado muriendo con honor, como había deseado. Fouqué compra el cuerpo de Julián a la congregación de Besançon, cuyos miembros sacan dinero de todo, para enterrarlo en una cueva cercana a su casa como le había pedido. Se presenta Matilde que como la reina amante de aquel antepasado suyo da sepultura a su cabeza con sus propias manos. La señora de Rênal, fiel a su promesa no trató de quitarse la vida; pero tres días más tarde, después de la muerte de Julián, murió mientras abrazaba a sus hijos.

Anécdota
Stendhal inventa poco y busca en los hechos reales acaecidos, las fuentes de sus novelas. En el caso de Rojo y negro, los eruditos stendhalianos encuentran algunas fuentes: una de ellas y la más importante es el crimen de un antiguo seminarista, Antoine Berthet, que asesinó a su amante, de cuyos hijos era preceptor y fue condenado a muerte el 15 de septiembre de 1827; y como otra fuente importante para las relaciones entre Julián Sorel y Matilde de La Mole, es el idilio entre una sobrina del rey Carlos X, con Edouard Grasset.

Biografía del Autor:
Stendhal es el seudónimo de Marie Henri Beyle, quien nació en Grenoble, Francia, en 1783 y murió en París, en 1842. Se quedó huérfano de madre a los siete años, por lo que se crió con su padre y su tía. Rechazó las virtudes monárquicas y religiosas que le inculcaron y expresó pronto la voluntad de huir de su ciudad natal. Abiertamente republicano, acogió con entusiasmo la ejecución del rey y celebró incluso el breve arresto de su padre. A partir de 1796 fue alumno de la Escuela central de Grenoble. Viajó a París para ingresar en la Escuela Politécnica.
Gracias a Pierre Daru, un pariente lejano que se convertiría en su protector, entró a trabajar en el ministerio de Guerra. Enviado por el ejército como ayudante del general Michaud, en 1800 descubrió Italia, país que tomó como su patria de elección. Desengañado por la vida militar, abandonó el ejército en 1801.
Ejerció diversos cargos oficiales y participó en las campañas imperiales. En 1814, a la caída de Napoleón, se exilió en Italia, fijó su residencia en Milán y efectuó varios viajes por la península italiana, pero luego volvió a vivir en París. Publicó sus primeros libros de crítica de arte bajo el seudónimo de L. A. C. Bombet, y en 1817 apareció Roma, Nápoles y Florencia (ensayo) en el que utilizó por primera vez el seudónimo de Stendhal.
Posiblemente Stendhal escribió Rojo y negro motivado a hacer un retrato y una crítica de la sociedad francesa del período de la Restauración, pues este se caracterizó por una aguda reacción conservadora y el restablecimiento de la Iglesia Católica como poder político en Francia. En otras palabras, la novela le sirvió para criticar a la Iglesia, pues esta también tenía poder político en aquella época, así como a la lucha política entre conservadores, quienes querían el regreso de la Monarquía, y republicanos.

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