viernes, 12 de diciembre de 2008

Por: Franco Cavagnaro ¿Qué hace éxitosa una novela?


Por: Franco Cavagnaro

¿QUÉ HACE EXITOSA UNA NOVELA?


Para esa gente que la quiere hacer en el mundo editorial con una novela que los faje en billetes, aquí la respuesta desde BBC Mundo.com

¿Por qué hay obras literarias que gustan tanto? ¿Cuál es el secreto para que una historia se venda como pan caliente?

¿Qué se necesita para que una novela arrase en un concurso literario? Escritores, editores y críticos explican cómo ganar fama, dinero y público.

Sir Salman Rushdie, el mismo que fue condenado a muerte en 1989 por el ayatolá Jomeini -entonces líder espiritual de Irán- por sus "Versos satánicos", acaba de ganar en el Reino Unido los cuarenta y tantos mil dólares del premio "Lo mejor del Booker", por su novela "Hijos de medianoche".

El triunfo de Rushdie es en dos tableros porque la misma novela se llevó el premio en 1981 y esta vez competía con otros ganadores del mismo galardón, que celebra ya cuarenta años.

Según Martyn Goff, quien dirigió el concurso durante 35 años, la clave del éxito está ligada al concepto de "turismo literario", es decir, es necesario llevar al lector a lugares que le sean profundamente desconocidos."

La novela le da a la gente información, sentimientos nuevos, sobre algo de lo que sabían extremadamente poco", explica Goff, de 85 años de edad.

"Sí, claro que debe tener una trama sólida. Pero también debería proporcionar descripciones de algo que la mayoría de nosotros desconoce. Es lo que ocurre con la India de Rushdie, cosas así. Eso impresiona fuertemente a la gente".




Trama crucial


Si definir qué constituye una novela válida literariamente ya es difícil, identificar el factor que la hace popular lo es aún más.

Novelistas y editores fantasean con emular el éxito internacional de autores como Ian McEwan, Sebastian Faulks o Louis de Bernieres.

El trío citado parece respaldar la idea de Goff de que un bestseller con calidad literaria necesita transportar al lector a un tiempo o lugar remotos.

"La definición funcional de ficción literaria es ficción que no sólo se preocupa de la trama, sino también de la manera de tejerla", explica la escritora estadounidense Tracy Chevalier, autora de "La joven de la perla".

"Si uno examina 'El código da Vinci', se encuentra con una trama interesante que sigue y sigue. No creo que Dan Brown haya pensado mucho en cómo contar la historia", opina.

"Cuando se lee un libro como "Expiación" (de Ian McEwan) - una ficción literaria muy popular - su forma condice con su función. La trama es muy envolvente, pero la forma de construirla es esencial para la narración misma".

"Las dos cosas se combinan perfectamente y hacen del libro más de lo que sería si fuera solamente una trama", señala.




Influencia


Sin embargo, muchos temen que son los propios premios los que tienen, actualmente, mucha influencia.

Incluso, el propio Martyn Goff, quien dedicó gran parte de su vida a administrar el Booker, piensa así."En los primeros días del Booker, los escritores querían producir una buena novela. Ahora, tratan de escribir un libro ganador del Booker", dice Goff.

"Los premios son los grandes factores hoy en día", añade.Tracy Chevalier se defiende y aduce que no sólo los escritores están obsesionados con los premios.

"Creo que los escritores, en su mayor parte, lo único que quieren es escribir", afirma.

"Pero para los editores es mucho más difícil vender libros. Se publica demasiado y la gente lee cada vez menos. Las dos razones están liquidando a los autores medianos".

"La manera más fácil para que un editor imponga a un autor es ganando el Premio Orange o el Booker".

"Eso da una enorme publicidad, dado que los libreros ponen esos textos en los escaparates de la librería", dice Chevalier.

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GRACIAS MIS LIBROS


Hasta ahora los conservo. Hasta ahora sigo pensando qué casualidad que me gustaran tanto, que llegaran a mí cuando tenia 9 ó 10 años. Qué loco y qué emocionante cuando acompañaba a mis padres a comprar a Scala gigante de La Marina. Allí están. El mundo perdido. Wou! El profesor Lidenbrook y su sobrino. Dos imágenes inmortales para mí: Lidenbrock enseñándole a su sobrino cómo perder el miedo a las alturas. Un grabado a lo Doré. Ambos en una cima impresionante de un edificio. Segunda: Lidenbrook buscando a su sobrino perdido bajo millones de kilómetros bajo tierra. Herido en la oscuridad de una galería perdida. Y claro El castillo de Otranto. ¡Qué increíble!

Cómo no decidir amar los libros con esa colección, ¡cómo no desear escribir una novela después de eso! Gracias Verne, gracias Conan Doyle, gracias Walpole. Allí se inicia todo. Allí está todo.

EL CANON DE HAROLD


Cuando uno piensa en El canon occidental de Harold Bloom, se imagina primero a todos los grandes poetas, novelistas y demás en una carrera alocada por los 100 metros planos. Allí está Shakespeare jalándolo del laurel a Dante y éste haciendo lo propio con el arete del dramaturgo inglés. Más atrás vienen Chaucer, Joyce, Kafka, Emily Dickinson, Walt Withman, Proust y todos los demás, demasiado respetuosos de los dos primeros corredores como para pisarles el poncho. Después de seis años releo el libro y pienso en un cuadrilátero de pugilatos, donde Shakeaspeare es el matoncito y Dante el sobrado. Como siempre, y como me ocurrió la primera vez que leí el libro, me quedo con Dante. Me rectifico en mi juicio sobre Miller, en verdad no hay nadie más egocéntrico y fanático de sí mismo que Dante porque es “el más agresivo y polémico de todos los escritores importantes de Occidente… Dante era un partido político y una secta de un solo miembro”. Y supongo para Bloom Dante es herético por solapa, porque “la convincente ironía (o alegoría) de la obra de Dante es que él afirma aceptar los límites al tiempo que los viola. Todo lo que es vital y original en Dante resulta arbitrario y personal, y aun con todo es presentado como la verdad, en consonancia con la tradición, la fe y la racionalidad”. Dante es tan sobrado que seguramente el creía que no estaba para elogiar a todos los que le precedieron, sino que “él los distribuye, según su propio criterio, en el Limbo, el Purgatorio, el Infierno y el Cielo, pues él es el verdadero profeta, y espera ser reinvindicado en su propia época”.

Ahora veo este libro como una prueba obvia de los tiempos de competencia brutal. El canon occidental es producto exclusivo de esa visión. En esa batalla, los escritores se hacen un espacio en la gloria. Entonces los creadores deben enfundarse guantes de box si quieren sobrevivir.

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